Opinión

¿Tú de quién eres?

Susana Gisbert

Ignoro por qué razón, los humanos tendemos a clasificar a las personas. Nos gusta tenerlos metidos en sus respectivos cajoncitos, como si la vida fuera aquel sinfonnier de la Nancy con que jugaba de pequeña. Supongo que eso hace más fácil las cosas. Y supongo también que por eso, desde que el mundo es mundo, los que van de por libre siempre acaban teniendo problemas.

¿Tú de quién eres? Preguntan en el pueblo cuando alguien va después de mucho tiempo fuera. Una pregunta clásica que dio en su día ocasión a una jocosa canción de aquel grupo llamado “No me pises que llevo chanclas”, si no me falla la memoria. Como clásico es también que te pregunten en las bodas si vas de parte del novio o de la novia. Y ojo con ir de parte de los dos, que siempre habrá alguien que pretenda que elijas a cuál de los dos te sientes más cercano. El viejo “a quién quieres más, a papá o a mamá”, que más de un problema ha acabado causando en este nuevo mundo de familias nuevas.

Pero la vida no es el sinfonnier de mi muñeca Nancy. Más bien es un almacén enorme, donde los vestidos se mezclan con los sombreros, los zapatos con los bolsos y hasta los juguetes con los utensilios de cocina. Y por más que intentemos tenerlo ordenado, las cosas tienden a mezclarse, juntarse y volverse a separar en un batiburrillo difícil de ordenar.

Todas estas cosas se me vinieron el otro día a la cabeza cuando una conocida red social me proponía una cadena, una especie de juego. Reconozco que no soy nada aficionada a las cadenas, y que se me ponen los pelos como escarpias cada vez que alguien me envía un mensaje de esos de “manda a diez personas en los próximos diez minutos y recibirás una gran noticia”. Siempre me queda la duda de que si no lo hago la furia de los dioses me va fulminar, y confieso que las más de las veces acabo picando. Por si acaso, como muchos. Acordándome de aquellas cartas que me enviaban de pequeña en que amenazaban con los males del infierno si rompías aquella cadena que llevaba ni sé el tiempo en funcionamiento según lo que decía el texto en cuestión. A Fulanita le detectaron un cáncer, Menganito perdió su empleo o Perenganito tuvo un fatal accidente. Y la dichosa cartita te tenía varias noches sin dormir si habías osado romper la cadena y no enviar las ‘tropemil’ postales.

Pero o esta vez me pilló de buen humor o era diferente. O tal vez ambas cosas a un tiempo. El caso es que, sin amenazar con las Siete Plagas Bíblicas, proponía pegar un siemple texto en el muro de cada cual, invitando a sus amigos a que respondieran con una sola palabra que evocara a la relación de cada uno con la persona. Lo hice y me gustó leer el resultado. Falla, casa, Universidad, redes, conferencia, twitter, facebook, radio, chip, cursos, danza, literatura, falla, lucha, feminismo, calificación, televisión, bar, trabajo, jornadas, escritores, padres, barrio, karaoke, celebración ochentera, periódico –informavalencia, por cierto- y hasta el nombre de amigos comunes fueron varias de las palabras claves con las que me obsequiaron. Un momento para rescatar momentos de la memoria, vivencias compartidas y lugares comunes a los que la pátina del tiempo añade además, un aura especial.

Mucha cosas a compartir, imposibles de meter en cajones ordenados. Los amigos virtuales se hicieron reales, los reales pasaron a ser parte de las redes sociales, los compañeros se transformaron en amigos y los colegas en compañeros. Además se mezclaron entre sí hasta formar una amalgama que es imposible de disolver. Y ahí me dejaron, como un pequeño regalo, el principio del hilo porque el que tanta gente acabó formando parte de mi vida, y ahí sigue.

Que quién quiera guarde en su sinfonnier a las personas metiditas en cajones, que yo prefiero sacarlas y disfrutar de ellas.

Porque ser un verso libre está muy bien, pero mejor está que siempre haya un poema en que encontrar el sitio donde el verso luzca más y tenga más sentido. Y mejor todavía si en vez de un poema sale una antología. Y aunque el verso se quede en ripio. Nadie es perfecto.

Twitter: @gisb_sus

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ES NOTICIA… Zaplana recibió casi 10 millones de euros en «mordidas»

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La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil ha detenido este martes al exministro de Trabajo Eduardo Zaplana en su casa de Valencia acusado de blanqueo de capitales, cohecho, prevaricación, fraude y delito fiscal. La operación de la Fiscalía Anticorrupción que lleva el juzgado número 8 de Valencia investiga las adjudicaciones de las ITV concedidas en 1997 a una UTE de empresas y la concesión de parques eólicos a Sedesa, la constructora de la familia Cotino. Entonces Zaplana era presidente de la Comunidad Valenciana (entre 1995 y 2002).
Son los dos principales bloques de adjudicaciones públicas investigados, pero habría otros. A cambio de estas concesiones, el entonces presidente valenciano habría cobrado comisiones de casi 10 millones de euros, según las fuentes consultadas por ABC.
abc.es

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