Valencia

Cañizares: ‘Tratan de imponernos ideología de género con legislaciones inicuas, que no hay que obedecer’

El Arzobispo de Valencia apremia a “encarnar el proyecto eucarístico en la vida cotidiana” y a “testimoniar que la realidad humana no se justifica sin referencia al Creador”

AVAN.- El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, urgió anoche a los fieles valencianos, que llenaban la Catedral de Valencia al término de la procesión del Corpus Christi, a “encarnar el proyecto eucarístico en la vida cotidiana, -en la familia, en la escuela, en la fábrica… – “, lo que implica “testimoniar que la realidad humana no se justifica sin referencia al Creador”.

Precisamente , “esto es lo que destruye la ideología más insidiosa y destructora de la humanidad de toda la historia, que es la ideología de género, que tratan de imponernos poderes mundiales más o menos solapadamente con legislaciones inicuas, que no hay que obedecer”.

A este respecto, el purpurado se refirió también expresamente a la Comunidad Valenciana y pidió “a quien corresponda” evitar “una próxima legislación inspirada en esa misma ideología para no ir contra el hombre ni contra la humanidad”, y añadió: “Valencia no se merece eso, no puede ser punta de lanza en la aplicación de tal ideología insidiosa”.

“Procesión religiosa, que no cultural”

En sus palabras al terminar “esta procesión religiosa, que no cultural”, que recorrió las calles del centro histórico de Valencia ante decenas de miles de personas, el purpurado, que fue interrumpido en su alocución en tres ocasiones por los aplausos de los fieles, aseguró que “hemos recorrido las calles de Valencia acompañando al Cuerpo de Cristo, manifestando nuestra fe en el solo y único Salvador de los hombres” y agregó que “ante Dios nos arrodillamos, a Dios le adoramos; no adoramos ni nos postramos ante los poderes de este mundo”.

Más adelante, recordó que “la Eucaristía es un modo de ser que pasa de Jesús al cristiano y, por su testimonio, tiende a irradiarse en la sociedad y en la cultura, en un proyecto de vida y de sociedad, que aparece ya en el sentido mismo de la palabra “eucaristía”: acción de gracias”. Ese modo de ser de Jesucristo “es el del amor y la misericordia: amor a los pobres, a los excluidos, a los que se encuentran en las periferias existenciales y en los que son dominados y utilizados por los poderes de este mundo, so pretexto de ayuda, pero dominados y esclavizados por el engaño y la mentira”.

Por ello, “la Iglesia está llamada a recordar a los hombres esta gran verdad”, apremió el cardenal Antonio Cañizares, “sobre todo en nuestra cultura secularizada , que respira el olvido de Dios y cultiva la vana autosuficiencia del hombre”. “Que nadie vea en la Iglesia una amenaza a la sana laicidad, pero nunca podremos dejar de ser consecuentes”

En otro momento de su alocución, aseguró el titular de la archidiócesis de Valencia que, “la Eucaristía, el ‘dar gracias’ a Dios, por todo lo que tenemos y somos, no perjudica la legítima autonomía de las realidades terrenas, sino que las sitúa en su auténtico fundamento, marcando al mismo tiempo sus propios límites”.

En consecuencia, “que nadie tema ni vea en la Iglesia y la fe cristiana , que se hacen y se alimentan , que crecen y viven por la Eucaristía, ninguna amenaza a la justa autonomía de lo terreno y a la justa y sana laicidad”, insistió el cardenal arzobispo de Valencia, aunque, de igual modo, advirtió que “precisamente por servicio al mundo, a los hombres y a su propio desarrollo , nunca podremos ni deberemos dejar de ser consecuentes con la presencia de Cristo en el mundo que entraña la Eucaristía”.

A este respecto, y citando a San Juan Pablo II, aseguró que “no podemos someternos a una mentalidad inspirada en el laicismo, tampoco en la ideología de género, ambas ideologías llevan gradualmente, de forma más o menos consciente, pero certera, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso, relegando la fe a la esfera de lo privado y oponiéndose a su expresión pública”.

Nada de eso, señalaba el Papa santo en su discurso a los obispos españoles de 2005 citado anoche por el Cardenal, forma parte “de la tradición española más noble, pues la impronta que la fe católica ha dejado en la vida y cultura de los españoles es muy profunda para que se ceda a la tentación de silenciarla”.

Además, laicismo e ideología de género “contradicen la verdad del hombre y el misterio de la fe, es decir, el misterio de la Eucaristía, centro de nuestra vida, que es presencia salvadora de Cristo en la historia que afecta al hombre entero, a lo que es fundamental en su vida, a todo lo que es la vida del hombre , entre otros aspectos a su libertad, más aún a la libertad religiosa , que cuando se cercena , priva al hombre de algo fundamental”.

Por otra parte, continuó el titular de la archidiócesis de Valencia, “siempre la Eucaristía, desde los primeros momentos, fue signo de esa libertad, de una ‘cultura de libertad’”.

“No tengamos miedo a hablar de Dios con la frente muy alta”

Los cristianos “estamos llamados y urgidos a comprometernos a dar testimonio de la presencia de Dios en el mundo. No tengamos miedo de hablar de Dios ni de mostrar los signos de la fe con la frente muy alta”, señaló el cardenal.

Al término de su mensaje a los fieles de la diócesis, subrayó que “la cultura de la Eucaristía promueve una cultura del diálogo, que en ella encuentra fuerza y alimento”.

Por lo tanto, “se equivoca quien cree que la referencia pública a la fe menoscaba la auténtica autonomía del Estado de las instituciones civiles, o que puede fomentar incluso actitudes de intolerancia”. Si bien, matizó el Cardenal, “no han faltado en la historia errores, inclusive entre los creyentes…, esto no se debe a las raíces cristianas -que siempre son y serán eucarísticas-, sino a la incoherencia de los cristianos con sus propias raíces- con la Eucaristía”.

Concluyó su alocución el cardenal Antonio Cañizares con estas palabras: “A los poderes de este mundo, a las ideologías que van contra el hombre, les preguntamos ¿dónde está el hombre, dónde lo habéis arrojado, dónde podemos encontrar a nuestro hermano?”.

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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