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El girasol, el áureo número y la mitología del deseo femenino

La mitología nos cuenta que Clitia, una ninfa cuyo nombre significa “famosa”, se enamoró de Apolo, el dios del sol. Desdeñada por él y a causa de su desesperación, fue metamorfoseada en heliotropo

Adela Ferrer / Astróloga

Pero, tanto el heliotropo como el girasol, son plantas oriundas de América, por lo que la fábula mitológica se ha de referir necesariamente a otra planta con las mismas características fototrópicas, o sea, que se orientan siguiendo al sol.

El girasol se relaciona con el principio yang o “masculino”, es decir, con la capacidad de organización, la voluntad, la alegría y la creatividad.

Para alejar la tristeza, la abulia o la inquietud de una casa, conviene quemar los domingos incienso y pipas crudas de girasol en un sahumerio.

Asimismo, es conveniente que los artistas tengan en su estudio un cuenco de cristal con unas cuantas semillas de girasol; su número ha de ser coincidente con cualquiera de los de la serie de Fibonacci (1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34) o número áureo.

El girasol tiene la propiedad de absorber metales como el plomo y el cadmio de la tierra en que se planta. Por eso tras el desastre de Chernobil, muchos de los inmensos campos que rodeaban la central estuvieron durante años plantados de girasoles.

Esto es lo que escribió Ovidio acerca de la metamorfosis de Clitia locamente enamorada del Sol:
“Desde entonces se consumió ella, entregándose locamente a su pasión; incapaz de soportar a las otras ninfas y, a la intemperie, lo mismo de noche que de día, permaneció sentada en el suelo desnudo, y con los cabellos desanudados y en desorden. Durante nueve días se abstuvo de agua y de comida, sin alimentar su hambre con otra cosa que con rocío puro y con sus lágrimas y sin moverse del suelo. Lo único que hacía era mirar el rostro del dios conforme éste avanzaba y volver su cara hacia él. Dicen que sus miembros se adhirieron al suelo, y una espectral palidez convirtió en hierbas cetrinas y una parte de su color natural, en otra parte hay un tinte rojo, y una flor en todo semejante a la violeta le cubre el rostro; y ella, aunque por la raíz está sujeta, se vuelve hacia su Sol y aun después de transformada, conserva su amor.”

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EL PLANTÍO

ES NOTICIA… Alcoy vuelve a rendirse a la espectacularidad de sus Entradas de Moros y Cristianos

ES NOTICIA… Alcoy vuelve a rendirse a la espectacularidad de sus Entradas de Moros y Cristianos


Alcoy ha revivido este domingo las batallas de la Reconquista con sus Entradas de Moros y Cristianos, declaradas de Interés Turístico Internacional. La coincidencia con el fin de semana y la meteorología, que finalmente ha respetado el día más llamativo de estos festejos, contribuyeron al lleno absoluto, con miles de personas que ocuparon al milímetro balcones y aceras de las principales calles del centro de la ciudad. Tras la primera Diana, que empezó cuando apenas rompía el alba, arrancó desde El Partidor la Entrada Cristiana, que este año corrió a cargo de la Filà Navarros. Desde lo más profundo de los bosques del norte, envueltos en un halo de misticismo, hicieron su entrada las tropas del Capitán, figura que encarnó el veterano festero José Vicente Jornet. Le precedieron grupos de amazonas y bailes de sobrecogedores aquelarres, así como imágenes tan espectaculares como las que dejaron los Zanpantzar, procedentes en este caso del pueblo de Ituren. Estos personajes tradicionales de la cultura vasca, que anuncian la llegada del carnaval agitando sus cuerpos de paja y sus cencerros, deleitaron al público con sus movimientos y contundentes sonidos.
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