Opinión

‘¿Qué es España?’

Antonio Gil-Terrón

¡Advertencia!: El presente artículo puede herir la sensibilidad de todos aquellos a los que el nombre de España les produce urticaria. Advertidos están

Los españoles somos una raza indomable, valiente y terrible en la guerra, pero con una tendencia cainita en la paz. El español es de espíritu ácrata y rebelde, poco disciplinado y dado a los excesos cuando se le provoca.

Somos marcadamente diferentes y orgullosos; generosos y entregados a las causas más nobles, con pasión y fuerza, y sin concesiones a la tibieza, pero para ello tan solo necesitamos tener una causa, una bandera, un por qué luchar, y lo cierto es que el pueblo español – de un tiempo a esta parte – se halla confuso y cabreado, y en su rabia da palos de ciego buscando culpables sobre los que volcar su ira.

Y alguien me podrá preguntar: qué es eso del pueblo español; me podrá espetar a la cara que el pueblo español es una entelequia, que no existe sino que es un conjunto, surtido y variado, de nacionalidades y regiones…

Pues les voy yo a decir quién es el pueblo español. El Pueblo Español es ese que surge, cuando éste se siente amenazado por un enemigo externo que intenta subyugarlo, como ocurrió un lejano 2 de mayo de 1808, el día que – desde alguna parte- alguien gritó una llamada convocando a todos los españoles a salvar la patria en peligro.

Vascos, gallegos, cántabros, valencianos, castellanos, aragoneses, catalanes, mallorquines, andaluces, canarios, extremeños, riojanos, navarros…, hombres y mujeres que lucharon codo con codo frente al invasor francés, escribiendo con su sangre una de las más gloriosas páginas de la Historia de España.

Miles de héroes anónimos que con su sangre regaron los montes, los caminos y las playas, las calles y plazas de España, con un sentimiento de unidad, de pueblo y de raza. Nobles y plebeyos; liberales y conservadores; religiosos y ateos; marinos y campesinos; bachilleres y analfabetos; todos unidos fraternalmente en una empresa común llamada España.

El pueblo español es:

El pueblo español es: el VALENCIANO Vicente Doménech, conocido por el sobrenombre de “El Palleter”; el VALLISOLETANO Juan Martín Díez «el Empecinado»; el CÁNTABRO Gregorio García de la Cuesta y Fernández de Celis; el ANDALUZ Joaquín Blake y Joyes; el ARAGONÉS José Rebolledo de Palafox y Melci; el CATALÁN Isidre Llusá y Casanovas [el tambor del Bruch]; el SEVILLANO de ascendencia VASCA Luis Daoiz; el SANTANDERINO Pedro Velarde; la VALLISOLETANA Clara del Rey; el CEUTÍ Jacinto Ruiz y Mendoza; el BURGALÉS Jeronimo Merino [el cura Merino]; el NAVARRO Francisco Espoz y Mina; el SALAMANTINO Julian Sanchez [el Charro]; el MALAGUEÑO Vicente Moreno Baptista; el MADRILEÑO Andres Torrejon; el MADRILEÑO Ramon de Santillan; el VASCO Miguel Ricardo de Alava y Esquivel; el MURCIANO José Moñino Redondo conde de Floridablanca; el GALLEGO Melchor Díaz de la Rocha; el GADITANO general Rafael Menacho y Tutlló; el GRANADINO Mariano Álvarez de Castro; los HÉROES ALICANTINOS que formaron los “Cuerpos de Vecinos Honrados”; el NAVARRO marqués de Lazán y Cañizar.

La gesta más recordada, y cuya figura ha sido considerada a través de los tiempos, como icono de españolidad, es la de Agustina de Aragón. Lo que ya no todo el mundo sabe es que esta valerosa mujer, símbolo de la patria, era catalana. Su nombre real era el de Agustina Raimunda María Saragossa y Domènech, nacida y criada en la ciudad de Barcelona, concretamente en el barrio de La Ribera, en la calle de Sombrerers, junto a la basílica gótica de Santa María del Mar; y que era hija de Francesc Ramon Saragossa i Labastida, y de Raimunda Domènech i Gasull, ambos naturales de Fulleda (Lérida).

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ES NOTICIA… Segunda estrella para Francia

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Ganó Francia, probablemente el fútbol que se avecina. Y si el futuro ya está aquí, trae a Mbappé a toda pastilla, como sucedió hace sesenta años con Pelé. Él le dio valor a centrocampistas de altos hornos como Kanté y Pogba. Y a centrales que valen como laterales (Pavard y Lucas) para borrar fronteras y complejos. Y a centrales de mucha fibra y buen pie como Varane y Umtiti. Y a un fabuloso Griezmann, reorientado a jugador total. Habrá que acostumbrarse, que no es lo mismo que enamorarse. Una selección de más de 1.000 millones de euros metida en cintura por Deschamps, capaz de quitarle los defectos colectivos a costa de ensombrecer las virtudes individuales. Pero una selección campeona, al fin y al cabo, que quedará para la historia. Un equipo en mate que sucede al brillo de España y Alemania y un jugador, Mbappé, que aspira a la posteridad.

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