Opinión

En la pobreza y en la riqueza

Antonio Gil-Terrón

Partiendo de una situación económica media, en la que ni sobra ni falta, hay dos asignaturas que cuando sobrevienen de repente, pocas familias logran aprobar: La riqueza y la pobreza.

Sin ánimo de generalizar, porque siempre hay excepciones que confirman la regla, diré que si hay un común denominador en los nuevos ricos, y aquí me refiero especialmente a los hombres, es la desmembración de la unidad familiar. Se comienza cambiando de coche, luego de barrio, para finalmente cambiar de mujer; aunque – eso sí – a costa de un huevo y la yema del otro, y ello sin contar las facturas previas a la ruptura; véase: morros, tetas, liposucciones, y estiramientos de pellejos varios.

Un efecto similar de cambio de vida produce la pobreza. El coche se lo queda la financiera; se pierde el piso de propiedad en buen barrio, pasando a vivir en un pisito de alquiler en una barriada de las de chichonera y escapulario, que será el futuro escenario de recriminaciones, broncas, chillidos, e incluso de la maldita violencia de género.

En ambos casos, las víctimas colaterales serán los hijos. Unos por tener de todo y no educarse en la cultura del esfuerzo personal, lo cual terminará por pasarles factura tarde o temprano, y los otros, aquellos que han pasado de tener lo necesario, a carecer de lo imprescindible, amén de ser testigos forzosos de los diarios y desabridos enfrentamientos de sus progenitores.

¿Quiere decir esto que un cambio brusco en la situación económica de un hogar, puede matar el amor de ese matrimonio o pareja?

La respuesta es no. Lo único que demuestra es que nunca hubo amor. Porque el amor de verdad no nace de una promesa: “en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad…” Porque el amor no es un compromiso, ni un contrato. El amor es, o no es; y si es, preexiste al contrato matrimonial y sigue hasta el más allá del soso y mundano, “hasta que la muerte nos separe”. Porque sí hay amor, la muerte no es más que una cortina de separación temporal.

Prometer amor hasta que la muerte nos separe, es una de esas majaderías sociales, fruto de mezclar lo santo con lo profano. ¡Cómo si el amor fuese un acto de voluntad que pudiésemos controlar… o un objeto que podamos dar o quitar! ¿Prometer amor? Jajaja… Rio por no llorar.

Porque no poseemos el amor, sino que, si somos dignos, el amor es quien nos poseerá.

Todo lo demás, no pasará de ser tradición, inercia, parodia y costumbrismo social; “amor burgués” que al mínimo contratiempo hará crac. Y ahí están las estadísticas.

Tan solo las pruebas de fuego son las que desnudan el amor, mostrándolo en toda su pureza e intemporalidad; con sus luces y sus sombras que serán las que irán forjando, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y la riqueza, su inmortalidad.

@elvelorasgado

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Comentarios

8 Comments

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  • B.días: este artículo ha servido para reconfortarme. Muchas gracias por ello. Ni que decir tiene que estoy de acuerdo con todo lo que usted dice en el mismo.

  • Que verdades tan grandes…/ tiene toda la razón, destruyendo el amor sedestruye la familia, la sociedad en sí. Mi esposo falleció hace 11 años, llevábamos 36 años juntos, 30 casados y cada día le echo mas de menos. Mis hijos a la suya pero yo estoy siempre acompañada por tantos moemntos tan felices.

  • Un alivio encontrar una columna así entre tanta miseria política, sabelotodos mediáticos y gente enferma de odio al católico. Comparto en todo. Saludos, le sigo desde ya!

  • Ahora hay demasiada gente que no cree en este amor. Ahora es sexo y egoísmo, atemporal todo, sin metas, individualismo por encima de cualquier cosa, incapacidad de sacrificio y entrega sin nada a cambio.Falta de valores,Artículo precioso.

  • Sentimientos, nada más y nada menos, se tienen o no se tienen. A veces se ennublan y si son sinceros, profundos, renacen como el sol. Pero hay mucho bobo que no sabe ni lo que significa la palabra amor, la palabra familia, la palabra felicidad. Pero sí saben lo que significa la palabra subsidio.

Buenos días


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EL PLANTÍO

ES NOTICIA… Alcoy vuelve a rendirse a la espectacularidad de sus Entradas de Moros y Cristianos

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Alcoy ha revivido este domingo las batallas de la Reconquista con sus Entradas de Moros y Cristianos, declaradas de Interés Turístico Internacional. La coincidencia con el fin de semana y la meteorología, que finalmente ha respetado el día más llamativo de estos festejos, contribuyeron al lleno absoluto, con miles de personas que ocuparon al milímetro balcones y aceras de las principales calles del centro de la ciudad. Tras la primera Diana, que empezó cuando apenas rompía el alba, arrancó desde El Partidor la Entrada Cristiana, que este año corrió a cargo de la Filà Navarros. Desde lo más profundo de los bosques del norte, envueltos en un halo de misticismo, hicieron su entrada las tropas del Capitán, figura que encarnó el veterano festero José Vicente Jornet. Le precedieron grupos de amazonas y bailes de sobrecogedores aquelarres, así como imágenes tan espectaculares como las que dejaron los Zanpantzar, procedentes en este caso del pueblo de Ituren. Estos personajes tradicionales de la cultura vasca, que anuncian la llegada del carnaval agitando sus cuerpos de paja y sus cencerros, deleitaron al público con sus movimientos y contundentes sonidos.
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