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Noe Martínez / LIVING LA VIDA MADRE

SUGERENCIA MUSICAL, ‘Have you ever seen the rain’, de Rod Stewart

Soy madre de dos niños en edad preescolar, no me pidan reflexiones muy profundas, porque no tengo tiempo, y cuando lo tengo, ni ganitas, oigan. Por eso, cuando en la agenda de los niños veo notas de las profes, animándonos a los papás a participar en la vida extraescolar de nuestros niños, se me nubla la vista: me pongo catarática perdida, palabrita de Jesus Child. ¿De dónde vamos a sacar el tiempo? ¿A qué le vamos a quitar tiempoooo?

–    Mamita, que dice la profe Ana que el miércolesjueves los papás pueden ir a ver nuestros trabajos de plasti…

–    Miércolesjuevesquébieeeen… – Respondo a mi mayor mientras lo siento para cenar – ¿Pero más miércoles o más jueves, amor?

–    Pues ni idea, porque cuando lo dijo la profe, yo estaba haciendo un concurso de pedorretas con Irene López y los otros…

–    ¡Aaaaah…! – Respondo hipnotizada por una mancha de vete tú a saber qué, que reluce feliz y tan pancha en la chaqueta del uniforme de mi niño – ¿¡De pedorretas!? ¿¡En clase de profe Ana!? ¿¡Mientras hablaba profe Anaaaa…!?

Nicolás, que de tonto no tiene ni la intención, me toca la cabeza, como si yo fuese un cachorrito desvalido, transmitiéndome tranquilidad y contención.

–    Mamáááá, que fue cuando había terminadooooo… – Y se me queda mirando, como diciendo ‘se acabó el cuento, todo explicado, colorín, colorado’.

–    ¡No me digas! – Arqueo cejas – Y si había terminado de hablar la profe, ¿cómo es que estamos en la cosa indecisa de miécolesjueves? – Pausa súper intensa, de esas que estaría orgullosa hasta Ángela Channing – ¿Alguna explicación al respecto?

Mi mayor me aparta con delicadeza, fijando su vista en la tele. Me niego ceder, y le cojo el mentón, intándole a continuar el contacto visual. Una vez vi en un documental de la 2 que a las fieras del Serengueti, si las miras a los ojos con decisión, se lo piensan tres segundos y medio más antes de darte el muerdo de tu vida. Tres segundos y medio que te valen para rezar (en caso de tener fe) o para gritar preparados, listos, ya (si eres muy de espíritu deportivo), ¿Qué no?. El caso, es que yo no creía que Nicolás me fuese a morder, pero allí había que imponer la ley del cochero sevillano: las riendas las llevo yo, que soy mamá.

–    ¡Aaaaymamáquenomedejarveeeeerrrrr! – Protesta, intentado zafarse de mi cuerpo serrano, que le impide ver la tele a sus anchas.

–    Ni ver ni var, muchachito: te estoy preguntando qué hacías desoyendo a profe Ana mientras hablaba de la reunión de padres… – Beligerancia se escribe con m- de mamá.

–    – Yo no desoyí* nada, mami, sólo hice pedorretas, ya te lo dije, hombreeeee… – Nicolás se tapa los ojos con las manos, y emite un suspiro fácilmente interpretable: me tienes hasta el trópico de capricornio, mamá…

–    No se dice desoyí*, se dice desoí… – Le aparto las manos de los ojos y hago gesto de ‘venga, repite conmigo’.

–    O me dejas ver Dora la exploradora o te desyoigo* a ti también, eeeeh… – Mohín de súper lloro inminente.

–    Desoigo, Nicolááááas…

Pongo rumbo a la cocina, con el bebé en brazos, que entiende que si su hermano cena, a él algo le tocará también. Independientemente de que haya comido hace minuto y medio, en casa practicamos el amor fraternal de no comer nunca en soledad: aquí, masticamos todos en un all together (un sueldo en galletas y yogures, no digo más). Cuando volvemos al salón, el mayor está absorto en la tele, en Dora, en el mapa, el mono con botas rojas y un duende pelirrojo con barbas que se me antoja el vivo retrato del presidente de mi comunidad de vecinos. Yo, que dando zanfoña soy la más Queen, vuelvo al ataque, mientras le sirvo la cena…

–    Pero se puede saber, entonces, qué día es la reunión de padres y el motivo por el que no atiendes como es debido a la profe, Nicolás…

–    Ay, mamá… – Mi niño me mira, hastiadito de tanta fatiguita inquisidora – Pues no sé: mira en la agenda, que la profe puso una nota…

–    No, miras tú, que es tu responsabilidad, chato… – Meto en la boca de mi mayor una cucharada de lentejas, que hacen de su tarde una j*dienda non stop – ¡Eeeeh, a comer, que estás creciendo…!

–    ¿¡Lentejaaaaaaas!? – Asco millón al tragarlas – ¡Ya las comí cuando tenía tres años!, ¿o es que no te acuerdaaaas?

–    Sí, claro, que me acuerdo… – Me río – Por eso te las doy hoy otra vez, que ya pasaron dos años…

Segura de que arco temporal a según qué edades está muy distorsionado, veo a mi bebé pegadito a la tele, que está prendado de Dora y sus excursiones indescriptibles, que rozan casi un viaje LSD. Oigo como la niña con cabeza amelonada, denominación origen Villaconejos, nos mira todos, instigándonos a contestar. Sin saber muy bien cómo, porque yo no estaba atendiendo a la aventurita de dibujos, se me viene a la cabeza la letanía ‘valle de las chirimoyas’.

–    A dónde vamos, chachachá, a dónde vamos, chachachá… – Dora dixit.

–    Al valle de las… – Se arranca mi mayor, a todo pulmón.

–    Siripollaaaaaash*… – Exclama mi bebé.

Siripollash* = Chirimoyas. Lorenzo de amor, o el arte de aprender a hablar en lengua de

El valle de las siripollash* es un lugar maravilloso, en el que sin duda, las madres tienen que abandonar su lado más Señorita Gertrudis para dejarse morir de un ataque de risa. Hasta casi se me había olvidado ya que mi mayor pasaba de atender a la profe por ganar un concurso de pedorretas con Irene López.

–    ¿A qué no sabes quién gano lo de las pedorretas…?

–    Nicolás, Nicoláááás… – Hago gesto de no me, no me, que te, que te…

–    ¡Qué yo no gané, fue Iago Gesto, que tiene unos mofletes como un culo de grandes…!

En serio lo digo, a la SúperNanny quería verla yo lidiando con Faemino y Cansado. Siripollash y mofletes como culos, niños 1 – mamita 0. Y de lo más bien, oigan, salvo porque sigo sin saber si es el miércoles o el jueves el día de ir al cole a ver los trabajos de plasti de mi mayor. Genial, lo mismo esta semana tampoco puedo ir a la peluquería, que, en todo caso, había previsto hacerlo algún día antes de que vuelva a ponerse de moda la cana libre, que no al aire…

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Buenos días


La ignorancia es el peor enemigo de un pueblo que quiere ser libre. (Jonathan Hennessey)

ES NOTICIA… México sorprende al campeón del mundo

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A Kimmich se le iba cayendo el escudo de campeón del mundo. No lo tenía bien cosido a la camiseta o era una metáfora de lo que estaba ocurriendo en el Luzhniki, que fue la mismísima plaza del Zócalo por la irrupción atronadora de México en el Mundial. El equipo de Osorio, letal en el primer tiempo y sufrido en el segundo, montó una fiesta con mariachis y todo para celebrar su histórico triunfo ante Alemania (0-1), a la que nunca había ganado. Los germanos, que siguen en crisis, pagaron su fragilidad en el primer periodo, abrumados por la velocidad mexicana. Cuando recuperaron la pelota en el segundo tiempo, cuando buscaron la portería con su genética insistencia, a no tuvieron puntería ni demasiadas ideas. Y se la pegaron.

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RÓTULOS CARDONA

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