Opinión

Más de 300

Juan E. Daroqui /ECONOMISTA

‘300’ es una película de 2007 dirigida por Zack Snyder que relata la Batalla de las Termópilas, la segunda de más éxito de 2007 tras Piratas del Caribe. ‘Casi 300’ es una parodia de la anterior. Pero esto no va de película, no, la cosa no va de cine ¿verdad?.

Ahora tenemos a más de 300 economistas de más de 30 países mandando una carta a los líderes mundiales para que, en la próxima cumbre que se celebrará en Londres contra la corrupción, tomen medidas para acabar de una vez con los paraísos fiscales.

La carta está firmada entre otros por Angus Deaton (premio Nobel de economía 2015), Thomas Piketty, autor del best seller “El capital en el Siglo XXI”, Nora Lustig, profesora de Economía Latinoamericana de la Universidad Tulane, Olivier Blanchard, anterior economista jefe del FMI y otros muchos más, algunos de ellos españoles como Andreu Mas-Colell, profesor emérito de la Universidad Pompeu i Fabra de Barcelona, José Moisés Martin Carretero, de Economistas Frente a la Crisis o Juan Gimeno, profesor de Economía de la UNED. En fin, una representación bastante interesante de colegas o gente del sector económico.

Los economistas denuncian que los paraísos fiscales permiten ocultar activos mediante empresas pantalla o trasladar los beneficios de empresas que no operan en su territorio. Y distorsionan el funcionamiento de la economía global, y esto quién más lo sufre, como casi siempre, son los países más pobres. Para solucionar esto piden normativas internacionales para que las empresas estén obligadas a hacer públicas sus actividades en todos los países donde operan y se creen registros públicos de los propietarios efectivos de las empresas o fondos de inversión.

Jeff Sachs (director del Earth Institute de la Universidad de Columbia y asesor del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon) ha dicho: “Los paraísos fiscales no están ahí porque sí. Las Islas Vírgenes Británicas no se convirtieron en un paraíso fiscal y de secretismo bancario por sí solas. Estos paraísos son resultado de elecciones deliberadas de importantes Gobiernos, principalmente el Reino Unido y los Estados Unidos, con la colaboración de importantes instituciones financieras, contables y legales que mueven el dinero”.

“Los abusos fiscales no solo resultan escandalosos, sino que además se producen delante de nuestras narices. No necesitábamos conocer los papeles de Panamá para saber que la corrupción fiscal internacional campa a sus anchas en los paraísos fiscales. Es necesario poner fin rápidamente a este sistema global que permite estos abusos. Eso es lo que significa una buena gobernanza en el marco de un compromiso global a favor del desarrollo sostenible”.

Efectivamente, si Reino Unido y Estados Unidos no quieren acabar con los paraísos fiscales, mal lo tenemos el resto. Y no solo los gobiernos de estos dos países tienen la culpa, las más importantes entidades bancarias son necesarias para la existencia de los paraísos y colaboran activamente en la creación de sociedades opacas que propician la elusión fiscal de sus clientes preferentes. Pero los ricos y poderosos se van a resistir y sin una acción decidida y coordinada de los gobiernos más importantes no haremos nada.

Oxfarm, coordinadora de la carta, ha hecho un llamamiento para que los líderes que se van a reunir en Londres, acuerden medidas efectivas para acabar de una vez con esta aberración económica.

¿Se conseguirá algo?, lo dudo mucho.

@Rutiguer_JED

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  • LA CARTA:

    A la atención de los y las líderes mundiales:

    Les urgimos a aprovechar la cumbre anticorrupción que se celebrará este mes en Londres para tomar medidas significativas para poner fin a la era de los paraísos fiscales.

    Los paraísos fiscales no aportan ningún valor al bienestar o la riqueza global, puesto que carecen de un propósito económico útil. Aunque, sin duda, estas jurisdicciones fiscales benefician a ciertas personas ricas y empresas multinacionales, tal beneficio se produce en perjuicio de otras personas y, por tanto, solo contribuye a agravar la desigualdad.

    Tal y como han revelado los papeles de Panamá y otros documentos filtrados, la opacidad que rodea a los paraísos fiscales alimenta la corrupción y socava la capacidad de los países para recaudar los impuestos que les corresponden. Aunque la evasión y elusión fiscal perjudica a todos los países, en proporción, los países pobres –que cada año pierden cerca de 170.000 millones de dólares en ingresos fiscales como consecuencia de estas prácticas– son los más perjudicados.

    Como economistas, tenemos opiniones muy distintas sobre cuáles son los tipos impositivos más convenientes, ya sean directos o indirectos, para las personas físicas o para las empresas. Sin embargo, coincidimos en que estos paraísos fiscales, que permiten ocultar activos mediante empresas pantalla o trasladar los beneficios de empresas que no operan en su territorio, distorsionan el funcionamiento de la economía global. Ocultando actividades ilícitas y posibilitando a personas ricas y grandes multinacionales operar bajo normas diferentes, los paraísos fiscales amenazan el Estado de derecho, un componente esencial para el éxito económico.

    Para acabar con la opacidad que rodea a los paraísos fiscales necesitamos nuevos acuerdos internacionales sobre importantes cuestiones como la elaboración de reportes país por país de acceso público, inclusive en el caso de los paraísos fiscales. Para acabar con estos, los Gobiernos deben empezar por sus propios países, asegurándose de que todos los territorios de los que son responsables creen registros públicos de los propietarios efectivos de todas las empresas y fondos Reino Unido, como anfitrión de esta cumbre y país soberano de territorios que acogen a más de un tercio de los paraísos fiscales del mundo, está en una posición única para liderar esta lucha.

    Poner fin a los paraísos fiscales no será una tarea fácil, puesto que existen poderosos intereses que se benefician de la actual statu quo. Como dijo el propio Adam Smith: “No es muy ilógico que los ricos contribuyan al gasto público, no solo en proporción a sus ingresos, sino en algo más que esa proporción”, y no existe argumento económico que justifique la continuidad de los paraísos fiscales, que contraponen dicha afirmación.

Buenos días


La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

RÓTULOS CARDONA

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