Opinión

Sólo sé que no sé nada

Jose Segura / FILOSOFÍA IMPURA
No, no se trata de rememorar la famosa frase atribuida a Sócrates. Es algo mucho más prosaico. Es la burda excusa de quienes por su cargo, sus obligaciones y su responsabilidad, deberían estar enterados de lo que ocurre a su alrededor, aunque se empeñen en llamarse andana cuando se les pregunta por las corruptelas cometidas por personas que orgánicamente dependen del que nada dice saber.

El que así se sale por la tangente, es un presidente cualquiera que asegura no saber nada de las cuentas B de los varios tesoreros que han pasado por su vida. “Sé fuerte”, le dijo a uno de ellos cuando fue pillado, para más tarde referirse a él como “ese señor”.

También dice no saber nada de las múltiples operaciones policiales y judiciales contra cargos corruptos de su organización –a los que defiende a capa y espada-, como las que desde hace años llenan las páginas, antenas y pantallas de los medios de comunicación. Detenciones y largos procesos de instrucción acaecidos no sólo en las principales capitales, sino en todo el territorio nacional.

De igual manera asegura desconocer si la reforma de su sede central se pagó con dinero negro. Con un simple “a mí no me consta”, intenta el que nada sabe escaquearse de las preguntas que le resultan insidiosas.

Dice también ignorar con qué criterios se contratan a los gerentes de las diferentes delegaciones territoriales de su organización, aunque muchos de ellos acaben pillados con las manos en la masa. Su visión de que él debe estar en otras cosas, allí en las alturas, cree que le exime de vigilar y gobernar la morada.

Como también dice no conocer que la esposa de uno de sus consejeros en activo, blanqueara dinero aprovechando el perdón a los defraudadores otorgado por otro de sus compañeros de la primera fila.

Se supone que, al menos, se habrá enterado por la prensa de los desaguisados que acaecen en su propia casa, situación que a cualquiera le habría llevado al menos a investigar que estaba pasando y a tomar las medidas oportunas.

No, no sabe nada. Eso dice y en ello se escuda cada vez que se le pregunta. Y aun así, sigue siendo el presidente preferido por aquellos que tienen en su voto la posibilidad de reelegirle, en una especie de aquelarre ciudadano de adoradores del becerro de oro.

En filosofía, tan impura como de costumbre, aquella antigua y socrática frase estaba destinada a transmitir la consciencia de que el saber no tiene límites, al igual que a divulgar que cuantos más conocimientos se tiene más preguntas y dudas surgen.

Pero no es el caso de este presidente, que como tantos otros, se niega a reconocer la realidad, prefiriendo mantenerse en el poder que hacerlo con la ética y los principios morales que deberían imperar en la sociedad.

Él sólo sabe que no sabe nada. Y se empecina en repetirlo hasta la saciedad, como si los que escuchamos sus increíbles palabras fuéramos tontos de baba a los que se nos puede contentar con un caramelo de vez en cuando.
Twitter @jsegurasuarez

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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