Entretenimiento

La vida es bella

Noe Martínez / LIVING LA VIDA MADRE

Noe Martinez
Noemí Martínez

SUGERENCIA MUSICAL, BSO ‘La vida es bella’


Nada puede haber más caótico que esos cinco últimos minutos antes de salir de casa, para afrontar el día, con más o menos dignidad+ganas+brío+emoción+sueño. Esos últimos cinco minutos antes de cruzar el umbral de la puerta son más hostiles que un ataque cuerpo a cuerpo: el olvido es un enemigo grande, si luchas contra él, has de saber que sólo puede quedar uno. Chanchanchanchán.

–    Papi, ¿llevas la mochila de la guardería…? – Mientras, abrocho el abrigo al mayor y sujeto las llaves del coche con la boca. Un sabor a gasolina maravilloso me recuerda que tooooodos los gérmenes de las manos de los gasolineros de Repsol, viven ya para siempre en mí. Asco trillón.

–    ¡Llevo…! – El paciente padre, que sabe de mi habilidad natural para meterme en líos, me quita las llaves de la boca – ¡Caca, mamáááá…!

–    Claro, y ahora seguro que cuando me des un beso, me pegas la caca de las llaves en los mofletes, mamitaaaa…

A mi mayor, todo le parece bien menos los gérmenes y las bacterias y los mocos ajenos. El día aquel que le expliqué que estos colonizadores cochinos son como hordas de vikingos que se nos quieren papar, debí morderme la lengua. No digo yo que estemos criando un obsesivo, pero chiquismiquis, could be…

–    Que no, hombre, que es una forma de hablar… – Lucho cual gladiador porque la manga del uniforme no se atore en la manga del abrigo. No sé, lo mismo ya nunca más va a salirle la mano por el otro ladito del elástico – ¡Pero quieres cooperar, Nicolás! ¡Empuja el brazo…!

Y según lo digo, me pongo a la espera de que asome su puñito por la manga del abrigo. Y tanto me acerco y con tanta distracción lo hago, que cuando sale, efectivamente, el puñito me asesta un h*stión en toda la nariz.

–    ¡Pero vamos a ver, hombre, tú no puedes mirar si me vas a dar un puñetazo…! – Protesto, con los ojos inundados en lágrimas repentinas, esas que te sorprenden en un Amén Jesús cuando la nariz se siente menoscabada a lindos e inesperados golpes.

–    Yo no te di un puñetazo: me diste tú un narizazo…

¡Señor, en qué momento fomentamos creatividad y ocurrencia en este angelito! No sólo no se sentía mal por haberme aboyado el hocico, sino que, encima, la culpa era mía, por meter la nariz donde nadie me llama.

–    ¡Papiiiii! El bebé tiene cacaaaaaa… – Ya casi con un pie en el felpudo de casa, miro el reloj. Si no nos apuramos, la señora directora del autobús Línea 1, nos deja en tierra. Salga el sol por Antequera, ella arranca a su hora: con niños o sin ellos. Arranca, vaya si arranca.

–    ¿Puedes cambiarlo tú en un segundo antes de irte?, es que tengo que… – El paciente padre se asoma a la puerta de la cocina, y veo un manchurrón en la camisa recién puesta (previamente planchada a deshora, seguro que después de muuuuchos días de espera, de estar haciendo  turno en la montaña de ‘por hacer’).

–    ¡Va, venga!

Y como sé que tardo más en argumentar y protestar y cagarme en Pilatos que en cambiar un pañal (la experiencia es un grado, y dos experiencias, un Máster MBA en

QuitaPañálLimpiaCuloPonCremaLuchaConBebéPonNuevoPañalSubePantalónYYaEstás. Dejo el bolso en el suelo, cojo a mi pequeñito a la velocidad del cometa Halley, y preparados, listos, ya: trasero en pompa.

–    Nicolás, no te muevas de ahí; termino en un chispúm con Lorenzo y nos vamos…

Y lo de la prisa y la capacidad para desenvolverse en su hábitat, sin miedo a que el agua se convierta en soga al cuello, siempre es proporcional a los minutos que te queden antes de que llegue el bus del cole. De ahí que a mi bebé se le antojase hacer plasta líquida, de esa que no hay tu madre que la limpie, no siendo que cojas un descompresor Kharcher y una Spontex. Suspiro profundo y me digo, vale, hoy el mayor va al cole en coche de mamá, tampoco pasa nada. Digo. Pienso. Me convenzo. Pero sí que pasa, porque si lo llevo al cole, llego tarde a trabajar y tengo que quedarme un rato más a la hora de irme, para recuperar.

La conciliación laboral es súper ergonómica y mágica. No sé, lo mismo ya me cagué en Pilatos más arriba, pero, itero…

–    ¡Me cago en Pilatos…! – El bebé, que no sabe quién es Pilatos ni a santo de qué lo quiero napar en heces, me mira y sonríe. Lo sé, debería de saber que el desastre se avecina, pero el muy zalamero tiene una sonrisa tan hipnótica, que para cuando vuelvo el electrizante mundo de los últimos cinco minutos matutinos, pre salida de casa, todo se lía infinito & beyond – Lorenzoooooo, hijo, no metas la mano en el pañal suciooooo…

–    Jolines, en esta casa no hay manera de que no se nos coman los gérmenes… – El mayor asoma la cabeza, para contemplar la hecatombe desde el palco de autoridades – A mí que no me dé un abrazo hasta navidad, eh… ¿Falta mucho para Navidad, mamitaaa? ¿Cuándo viene Papá Noel este año, mami?

¿Me va a traer la nave del Halcón Milenario de Star Wars, mamiiiii?

–    ¡Nicolás…! – Histérica. Ahí lo dejo – Estamos en abril, hijo, Papá Noel está tomando el sol en pelotas en algún lugar con palmeras, que es lo que debería hacer yo…
–    Mamiiii… – Nicolás tiene los ojos abiertos de par en par y la boca que parece un Donuts. Oooooh –

Pero Papá Noel no puede estar en pelotas, ¿o es que no sabes que siempre tiene que ir de rojo? Si fuera en calzoncillos, aún…

Desde la cocina, oigo una risa decibélica. El paciente padre, ya con camisa limpia (otra de esas que seguro llevaba vida y media en la montaña de la plancha o también conocida como ‘mañana, si eso, ya me pongo’) se ríe, porque es lo que la ocurrencia de nuestro mayor merece. Yo, con las manos a toallitas húmedas llenas y con la no seguridad de que el bebé pueda haber chupado un dedo con ya sabes qué, protesto, con vehemencia.

–    No, es un risa, todo; en esta casa es una risa tooodooo… – Dejo al bebé en el suelo, que sale como una exhalación a por la moto que siempre está ocupada por su hermano, pero en ese momento no.

–    Papá Noel en pelotas es muy de trauma infantil, lo sabes, ¿no? – El paciente padre me besa la frente y sigue riéndose.

–    Perdimos el bus… – Miro el reloj. Ding Dong, señores pasajeritos de la línea 1 con destino al cole de

Nunca Jamás, informamos que arrancamos y no miramos atrás. El que esté, bien, el que no, pues ya sus papás verán. Hastalueguiiiiii.

–    Ya no era nuestro… – El padre se va hacia el mayor, y el bebé lo atropella con su moto haciendo pipipipipipipiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii con el claxon – Nicolás, hoy te lleva papi al cole, ¿qué te parece?

–    Me parece bien… – Pensativo, mi niño se rasca la cabeza – Pero hoy tengo dibujo libre en el mural de patio.

–    No te preocupes, llegamos a tiempo, que le doy al botón de volar del coche… – Mentira podrida, que son los cuatro intermitentes, pero a padre e hijo les mola creerse la milonga.

–    Vale, es que quiero llegar a tiempo para que Carla Gutiérrez no coja el bote de pintura roja… – El mayor ladea la cabeza, seguro de que eso va a pasar.

–    ¿Y para qué quieres la pintura roja, amor…? – Le pregunto, abriendo las piernas a modo de puente para que Lorenzo pase por debajo con su moto, haciendo pipipipipiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Y las cierro. Vuelvo a abrirlas, porque vuelve a pasar la moto, el motorista y su pipipiipipiiiiiiiiii.

–    Para pintar a Papá Noel en calzoncillos, debajo de una palmera, qué te crees…
Oh, my God! Derrotada, me dejo caer al suelo, y  meto la cara en las piernas. Mientras padre e hijo se ríen a todo lo que les da la caja torácica, yo me pregunto en qué momento me llamará la profesora para tutoría: Nicolás ha pintado a Papá Noel en paños menores, para estupor general del resto de los niños. Como si lo viera. Claro que, acordándome de una reunión anterior con dicha profe, sentencio…

–    Vale, pero haz el favor de pintar por dentro, por dentroooooo, que después dice la profe que no te esfuerzas por hacerlo bien…

Esos últimos cinco minutos de comienzo de día, que dan tanto de sí, que dijérase ha pasado una vida. O una vidita. Quizá la mía, mi LoveCosmos compartido ¡Qué viva la locura con niños! Aunque sea abril y falte aún tanto para navidad…

noemartinez.es

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(elmundo.es)

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