Opinión

La segunda oportunidad

Susana Gisbert

Hoy me ha venido a la cabeza el comienzo de un programa de televisión, de allá por los tiempos en que solo teníamos dos canales y no había mando a distancia. Un coche chocaba de modo aparatoso contra una enorme piedra situada en mitad de la carretera, mientras una voz casi de ultratumba nos espetaba eso de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” para, a continuación pasar la secuencia marcha atrás y darle la posibilidad al avezado conductor de esquivar el pedrusco al siguiente intento.. El programa se llamaba algo así como “la Segunda Oportunidad” y estaba dedicado a los accedentes de tráfico y la prevención de los mismos. Pero, por una razón que ignoro, ese sketch se me quedó grabado y a veces me acude a la cabeza de un modo recurrente.

Esta vez me pasó. Cuando ya tuvimos claro que ni los últimos intentos a la desesperada de formar gobierno no daban frutos, estaba cantado que llegaba ese momento. Que nuestros políticos se habían dado de bruces contra la roca de su inflexibilidad y que se les daba una segunda oportunidad, vestida en este caso de nuevas elecciones en viejas urnas. Otra vez la misma historia. Por si no hubiéramos tenido suficiente con más de una año plagado de comicios, entre europeas, autonómicas, locales y nacionales, toca repetir curso. De vuelta a la línea de salida.

La cuestión es que, a diferencia de lo que sucede a los malos estudiantes, en este caso quienes repetimos curso somos los ciudadanos, cuando quienes han merecido el suspenso son nuestros políticos. Ellos volverán a subirse a los autobuses de campaña, a congregar multitudes en mítines inútiles a los que solo van quienes ya están convencidos, a llenarnos las paredes de carteles y las televisiones de debates y espacios de propaganda. Probablemente, y salvo alguna excepción, estamparán los mismos nombres en las nuevas papeletas y nos volverán a contar los mismo. Lo malos que son los otros y los buenos que son ellos. O no.

Porque, ya que se van a gastar otra vez nuestro dinero por culpa de su incapacidad para traducir en un gobierno la voluntad de los ciudadanos, podrían plantearse algo distinto. Podrían utilizar la inevitable campaña para hablar de las cosas que no hablaron, para resolver los problemas que no resolvieron, para tratar las cosas por las que pasaron de puntillas.

Mientras ellos andaban discutiendo sobre quién ocupa un sillón, donde ponemos líneas rojas y hasta dónde estamos dispuestos a ceder, la sanidad, la educación y la justicia, sin ir más lejos, siguen teniendo las mismas carencias que tenían, solo que aumentadas en seis mese más en los que nada se ha hecho.

Mientras tanto, las mujeres han seguido siendo asesinadas por esa tragedia llamada violencia de género que no se soluciona con un lazo morado y una declaración de condena. Mientras tanto, el drama de los refugiados le ha estallado en plena cara a la Unión Europea, constatado en un acuerdo que avergüenza y que ha incrementado más el drama humano. Mientras tanto, la corrupción ha seguido campando por sus fueros, y día sí y día también descubrimos nuevos agujeros y nuevos asuntos, aunque no nuevos medios para combatirla. Mientras tanto, la gente sigue sin puesto de trabajo o con un puesto precario que le hace jurar en arameo cada vez que los informativos sacan un nuevo personaje con cuentas astronómicas en paraísos fiscales. Suma y sigue. Hasta el infinito y más allá.

Así que, visto que, pese a no merecerlo, les dan una nueva oportunidad, a ver si aprovechan para coger el toro por los cuernos. Que si no ya estoy viendo a los españoles viviendo un eterno día de la Marmota.

Elecciones, tiempo para pactar, fracaso de los pactos nuevas elecciones y vuelta a empezar. Y eso sí que no.

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La tarea del educador moderno no es talar selvas, sino regar desiertos. (C.S. Lewis)

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