Opinión

Procesiones

Juan E.Daroqui / Economista

Casi no hemos acabado con las fallas y ya estamos en Semana Santa. Los actos vuelven a tomar las calles. Las fallas han sido por toda la ciudad pero la Semana Santa se centra más en los distritos marítimos.

Algo tienen en común ambas fiestas, grupos de gente, vestidos singularmente, desplazándose de manera coordinada de un lugar a otro. Vamos, los pasacalles y las procesiones.

A mí, lo reconozco, no me gustan.

No me gustan los desfiles militares, no sé si porque cuando hice la mili (uno ya tiene sus años) me tocó desfilar en seis juras de bandera, siendo tropa y oficial, y eso es mucho desfilar (y mucho ensayar). Al menos las marchas militares tienen “marcha” como su nombre indica, pero ver filas y filas de soldados, todos iguales, pasando y pasando, aunque cambie el uniforme de vez en cuando, no me seduce nada.

Tampoco me gustan los pasacalles falleros, pero estos los sobrellevo mejor porque la música también es marchosa y suelen ser más bien breves, eso si no tenemos en cuenta la ofrenda. Yo no puedo aguantar horas y horas viendo pasar comisiones con sus ramos y demás. Si tengo algún pariente o conocida puede que vaya a verlo, pero eso y poco más.

Una vez me invitaron a ver los moros y cristianos de Orihuela. A los diez minutos de ver pasar moros, con ese paso tranquilo, con el jefe haciendo malabares con su espadón y viendo todo lo que iba detrás, ya me empecé a poner nervioset, y aún me quedaban unas cuantas horas de moros y otras cuantas de cristianos, también blandiendo espadones o mazazos. Unos a ritmo de Ximo y otros al de Paquito el Chocolatero. Fue tremendo.

Y quedan las procesiones. En estas es que ni la música es animada, lógicamente, y los pasos son lentos, y suele haber mucho silencio. Por lo menos en las de antes del domingo de gloria.

Y es que a mí no me va ver a mucha gente disfrazada paseando por las calles. Los uniformes militares pues no es que sean la alegría de la huerta, ni aunque salga la legión o los de alta montaña. El traje de fallera o de valenciano pues es muy bonito, pero yo no tengo capacidad ni conocimiento  ni paciencia para distinguir los matices.  En cuanto a los moros y cristianos sin duda son espectaculares, pero a mí un espectáculo de cuatro o cinco horas me machaca, y los vestidos de romanos, los capirotes, las marías magdalenas y demás figuras bíblicas de Semana Santa tampoco me seducen demasiado, y como no tengo excesivo fervor por ningún Cristo ni por ninguna virgen, pues eso.

Me aburren.  ¡Qué le voy a hacer!.

Yo entiendo que haya  gente a la que le guste y que se emocione con las procesiones, los cantos, las saetas, el olor a cera y demás parafernalia procesional. De hecho en España somos muy aficionados a las procesiones desde hace mucho tiempo (no hay más que leer Astérix en Hispania), y por todas partes salen los pasos en procesión.

Pues nada, al que le guste que las disfrute, aunque como dicen, vista una vistas todas.

@Rutiguer_JED

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ES NOTICIA… Alcoy vuelve a rendirse a la espectacularidad de sus Entradas de Moros y Cristianos

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Alcoy ha revivido este domingo las batallas de la Reconquista con sus Entradas de Moros y Cristianos, declaradas de Interés Turístico Internacional. La coincidencia con el fin de semana y la meteorología, que finalmente ha respetado el día más llamativo de estos festejos, contribuyeron al lleno absoluto, con miles de personas que ocuparon al milímetro balcones y aceras de las principales calles del centro de la ciudad. Tras la primera Diana, que empezó cuando apenas rompía el alba, arrancó desde El Partidor la Entrada Cristiana, que este año corrió a cargo de la Filà Navarros. Desde lo más profundo de los bosques del norte, envueltos en un halo de misticismo, hicieron su entrada las tropas del Capitán, figura que encarnó el veterano festero José Vicente Jornet. Le precedieron grupos de amazonas y bailes de sobrecogedores aquelarres, así como imágenes tan espectaculares como las que dejaron los Zanpantzar, procedentes en este caso del pueblo de Ituren. Estos personajes tradicionales de la cultura vasca, que anuncian la llegada del carnaval agitando sus cuerpos de paja y sus cencerros, deleitaron al público con sus movimientos y contundentes sonidos.
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