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Opinión

El fracaso del chavismo

Jose Segura/FILOSOFÍA IMPURA

La ruina absoluta en la que actualmente se encuentra Venezuela es, sin duda, la principal prueba de que el chavismo ha fracasado, se ha ido al carajo, hundido aún más por los constantes errores de Nicolás Maduro.

Tras décadas de corrupción política en los partidos políticos tradicionales, hacía falta que Venezuela entrara en una catarsis general e intentara encontrar su propio camino, una ruta con menos desigualdad y latrocinio.

Llegó entonces Hugo Chávez con su republicanismo bolivariano y alcanzó un éxito inusitado que impregnó, incluso, a los países limítrofes. La bendición de Chávez por su pueblo, por los estados vecinos o por los Castro, junto a las maldiciones llegadas de los EE. UU., convirtieron al nuevo líder en un paradigma mundial de la revolución posible.

La enorme riqueza petrolífera de Venezuela, ayudó considerablemente a que Chávez utilizara los abundantes ingresos nacionales para socializar el país, nacionalizar lo que le vino en gana y conseguir que muchísimos pobres obtuvieran un mejor nivel de vida.

Pero el gran error de Chávez fue, sin duda, jugárselo todo a una sola carta: la del petróleo. No utilizó la abundancia de riqueza para generar un tejido empresarial que permitiera a la sociedad venezolana alcanzar su propia libertad económica, labrando así un futuro más diversificado, sostenible y cierto. La caída del precio del petróleo –que llega hasta nuestros días- fue mermando, paulatinamente, los ingresos del país. Y empezó la carestía, el desabastecimiento y la protesta ciudadana.

Nadie que esté en su sano juicio o que tenga unos mínimos conocimientos de economía, debería arriesgar todo su patrimonio a un solo juego. La sabiduría del político debería centrarse, por ejemplo, en respetar a Pareto y su regla de oro 20/80, que indica claramente la necesidad de la diversificación.

Esos errores no fueron cometidos en su totalidad por sus vecinos Correa y Morales, que con una visión más práctica y proactiva, optaron por una economía mixta que en la actualidad es suficientemente llevadera para los ciudadanos de Ecuador y Bolivia. Al igual que en Cuba, se está abriendo un camino similar en los últimos años.

Fallecido Chávez, llegó al poder un personaje oscuro, soberbio, rebelde sin causa y, sobre todo, empecinado: Nicolás Maduro. Un nuevo presidente de Venezuela, incapaz de deshacer el error de su predecesor, violento con todo el que se menea y con la oposición que le indicaba nuevos caminos, así como un pésimo imitador de la vehemencia que tanta fama proporcionó al refundador del movimiento bolivariano. En definitiva, un tipo aún más obstinado, hasta la torpeza, la ceguera y el fracaso absoluto que puede estar convirtiendo a Venezuela en un estado fallido.

Hoy, Venezuela está hundida, anímica, política y económicamente. Los escasos ingresos del petróleo no llegan ni para abastecer las necesidades más mínimas de sus ciudadanos. Incluso el índice de criminalidad alcanza cifras muy alarmantes. Vuelven al país las estanterías vacías por falta de suministros, la pobreza entre los más desfavorecidos, la consiguiente corrupción propia del sálvese quien pueda y la errática toma de decisiones de un dirigente incapaz de retirarse, dejando su puesto a quienes le han ganado limpia y absolutamente las elecciones legislativas.

En filosofía de lo más impura, apropiada a la torpeza de pensamiento del inmaduro presidente venezolano, el empecinamiento se alía en este caso con la necedad, con lo irracional. Sería aceptable el empecinamiento si lo sustentara una razón práctica. Pero en este caso es una soberana memez. Y la memez nunca es más que eso: una simple bobería. (Mi agradecimiento al filósofo Alfonso Pérez de la Borda, que ha sido hoy mi fuente de inspiración)

Al igual que en Venezuela, el mundo hay vivido gran cantidad de revoluciones –muchas de ellas fallidas- lideradas por ególatras incapaces de dar su brazo a torcer por mucho que los hechos demuestren sus imperdonables errores de gobierno. Y es que toda revolución que no sea de abajo arriba cae inexorablemente en manos de los salvapatrias. Líbranos, democracia, de semejante castigo.

Twitter @jsegurasuarez

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El año 2017 será el último en el que se vendan más coches de gasóleo que gasolina en España. Por volumen van a ser los más elegidos por los clientes con casi 600.000 unidades, unas 27.000 ventas más que los vehículos impulsados por gasolina. Un liderato que difícilmente se sostendrá en 2018. El diésel ha caído un 8% respecto a 2016. Por contra, las ventas de coches propulsados por gasolina subieron un 22%. Y dos datos más, si en 2016 los diésel coparon el 56,8% y en 2015, superaron con creces el 62%, cierran 2017 con el 48,8%; mientras que los de gasolina pasarán del 40,2% en 2016 hasta el 45,8% en 2017.Si sumáramos las ventas de híbridos, cuyo motor de combustión es de gasolina, el diésel ya habría perdido su hegemonía. Porque los híbridos, al calor de la demonización de aquella tecnología, que aparece casi en exclusiva como el mayor agente contaminador de las ciudades, son los grandes beneficiados del retroceso de las compras de vehículos de gasóleo. Crecen un 80% hasta 58.664 coches..
(elmundo.es)

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