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lunes , 21 de mayo de 2012 | 

Dosis: Cantidad o porción de algo.

José Segura:

viernes, 03 de febrero de 2012, 11:32

EL DICCIONARIO AMOTINADO

Yonqui, debo ser un yonqui. Necesito mi dosis diaria de información y cuando no la obtengo, me entra el mono, con toda la ansiedad e irascibilidad que conlleva. A veces me ofrecen sucedáneos, como la metadona, en forma de globos sonda o de propuestas descabelladas. Yo lo que quiero es pegarme un atracón. Que me lo den todo de una vez. Lo de evitar la sobredosis ya es cosa mía. Al menos dispondré de todo lo que quiero saber, me descenderá la incertidumbre y seré libre para hacer lo que me salga de mis castigadas neuronas, sea bueno o malo para mí.

No trago con que el gobierno, sea el nacional o el autonómico, los bancos y los mandamases europeos velen tanto por mi salud y me den las noticias a pequeñas dosis ¿Sabrán que soy un yonqui? Igual me consideran un incapaz, un inútil, un imbécil que no puede digerir las cosas de golpe. Ya está aquí la paranoia. Debo tener cáncer y me lo quieren ocultar. En pos de una información más humanitaria, igual no quieren decirme que me quedan pocos meses de vida.

Quiero mi dosis ya. Pero como soy un yonqui no se fían de mí. Igual saben que en este país somos millones los yonquis que estamos en la misma situación y nos tienen miedo. Pues no van descaminados, que yo conozco a muchos tan rayados como yo:  

Empresarios.
Cientos de miles de empresarios, profesionales autónomos y otros emprendedores comparten mi ansiedad. Muchos de ellos con interesantes proyectos encima de la mesa, que no pueden ser puestos en marcha porque no han recibido su dosis. De crédito, de certidumbre nacional o de seguridad jurídica mercantil. Cientos de miles de yonquis, quién lo iba a decir en gente tan respetable, que están de los nervios y se muerden los nudillos por las ganas que tienen de meterse algo.

Empleados
. Públicos y privados, millones de yonquis, paranoicos a más no poder. No saben si seguirán recibiendo su dosis, la parte del pastel que les corresponde. Tienen la ansiedad al límite, al punto de hacer alguna burrada.  Muchos de ellos, demasiados, ya buscan su dosis por las calles, desesperadamente, haciendo lo que sea por conseguirla. Tienen familias, también de yonquis enganchados a un montón de cosas, como tener un techo digno o comer varias veces al día, aunque sea modestamente. Y encima deben un montón de pasta, no diré que a los camellos, pero casi.

Acreedores. Entre todos los yonquis, estos son de los que más exteriorizan su mono. No recibir su dosis les lleva a hacer cosas como manifestarse o poner carteles en sus establecimientos exigiéndola, sin cortarse y aunque todos se enteren de su dependencia. Son también miles de yonquis, que a su vez arrastran a muchos otros más que viven de su dosis. Además de la ansiedad, tienen la ira al máximo porque les han engañado montones de veces. “Mañana te daré tu dosis”, les dicen. Pero ésta no llega nunca o en dosis tan pequeñas que parecen homeopáticas y eso no calma.

Dicen que a final de marzo, después de la gran rave de Andalucía y del party en Asturias –que menuda mierda de DJ lo ha organizado-, nos darán por fin todas las dosis que les pedimos. Qué bordes. Las peñas llegarán a estas movidas sin su necesaria dosis y votarán en pleno mono, con toda la desazón, con toda la inopia. Así que a final de marzo nos la darán. Espero que esta vez, como tantas otras, no esté adulterada.

 

 

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