Como esta vez no me cabe todo en el titular, lo ampliaré un poco. Me refiero a Imagen pública: Conjunto de rasgos que caracterizan ante la sociedad a una persona o entidad. Vamos, a lo que yo me dedico en mis últimos 41 años trabajando para mis clientes. Perdón por el moco que me acabo de pegar, pero si sigues leyendo verás que viene a cuento.
Una vez cerrado, por ahora, el caso de los trajes, a nuestro presidente autonómico D. Alberto Fabra se le ha ocurrido decir que “es el fin de un mal sueño que ha dañado considerablemente la imagen de la política de la Comunidad Valenciana y sus instituciones”, al tiempo que ha pedido responsabilidades a los que han dañado la imagen de la Comunidad en busca de su propio beneficio político.
Lamento decir que al Sr. Fabra le quedan todavía una buena cantidad de malos sueños en lo que a la imagen de nuestra Comunidad Valenciana se refiere. Y que puestos a pedir responsabilidades, mire también dentro de su propio partido y de los equipos de gobierno que desde Zaplana hasta ahora han dejado nuestra tierra hecha unos zorros.
Basta hacer un ligero recorrido sobre el histórico de gobierno del PP en nuestra Comunidad, para observar las claves que han motivado nuestro cambio de ser admirados por todo el mundo a ser considerados como el culo de Europa.
Despilfarro. Las primeras fases de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, con el Hemisfèric y el Museo de las Ciencias, fue una maravilla que asombró a propios y a extraños. Todo el mundo quería fotografiarse en este espacio, visitarlo e, incluso rodar allí sus campañas publicitarias. Aún recuerdo cuando un catalán me dijo, con cierta envidia: “menudo subidón estáis pegando los valencianos”. Eran tiempos de autoestima, del “poder valenciano”, de nuestra presencia en el mundo. Después vino la desmesura con un montón de obras y eventos que han supuesto, entre otras causas, nuestra ruina. Terra Mítica, el Palau de les Arts, la America’s Cup, la Ciudad de la Luz, el aeropuerto de Castellón, la visita del Papa con unas cuentas aún sin dirimir, la Fórmula 1 y un sinfín de nuevos proyectos que hoy están causando muchos más problemas que beneficios, con una explotación claramente deficitaria. Hay que añadir a todo esto, un modelo de gestión del tipo “pólvora de rey” que ha dejado nuestras arcas vacías. Así pues, primera clave de nuestra mala imagen: Hemos quemado la pasta.
Morosidad. Como consecuencia natural del despilfarro, es lógico que nuestro gobierno autonómico se quedara sin dinero, dando paso a la segunda gran clave de nuestra pésima imagen: los impagados. Como cualquier lector podrá suponer, la imagen de mal pagador acaba con uno, vetándole en el mundo de los negocios. A la Generalitat Valenciana, también. Millones y millones de euros de deuda, tanto pública (ya calificada al nivel de bono basura) como con proveedores, muchos de los cuáles han tenido que cerrar o las están pasando canutas. Incluyo en esta morosidad el impago a los servicios públicos o privados, dependientes de la GV, que siguen sin cobrar o recibiendo el dinero con cuentagotas.
Corrupción. Quede claro que los muchos casos de corrupción provenientes de la Comunidad Valenciana están todavía en situación procesal, sin veredicto ni sentencia. Pero la imagen es la imagen y funciona a su aire. “La mujer del césar debe ser honesta y además parecerlo”. No den nuestros políticos motivos de mala imagen y no la tendrán. Porque además nos salpican a todos, cual agravio comparativo que motiva protestas y manifestaciones. Los perjudicados vienen a decir que “nos han robado, nos ajustan con los despidos y con los recortes y, encima, se niegan a tratar de igual manera a los más ricos o a ellos mismos” Esta es la otra gran clave de nuestra pésima imagen.
En esto de la mala imagen, sea finalmente justa o no, suelo poner el ejemplo de cuando se comentó a nivel mundial que Michael Jackson se había tirado a un niño. Sus marcas patrocinadoras le rescindieron de inmediato los contratos, sin esperar a juicios ni a la comprobación de la veracidad, porque sí era cierto que el fallecido cantante jugaba con fuego en lo que a su relación con menores se trataba.
Volviendo al caso que hoy nos ocupa, la Comunidad Valenciana está prácticamente en quiebra, a causa de una deuda pavorosa, tanto pública como privada. Además, lidera el paro en comparación con la media del estado español. Las causas de esta quiebra no parecen de recibo, causando esa muy mala imagen que tanto nos afecta y preocupa. Así que a nuestro presidente D. Alberto Fabra le quedan muchas duras tareas por abordar, si lo de la imagen es lo que le preocupa. Porque la “lluvia de piedras” que está sufriendo nuestra sociedad ya ha llegado por fin al gobierno. Y una pedrada duele.
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