Ya que utilizamos popularmente lo de “coger las tijeras” como expresión de recorte presupuestario, me parece oportuno proponer a nuestros presidentes de gobierno otros utensilios que también les pueden resultar de provecho. No solo para realizar las duras tareas que les esperan, sino también para cuidar las formas que tantas veces nos duelen.
Sobre todo ahora que el poder político ha quedado concentrado en gobernantes conservadores que sabrán valorar, más que nadie, el uso de estas herramientas que responden fielmente a nuestra tradición de país con oficios tan nobles como la agricultura, la manufactura o el servicio. Porque me atrevo a asegurarles que con las tijeras no les va a bastar. No es suficiente con que arreglen la casa por fuera. Si no la arreglan también por dentro, la gente se va a mosquear con tanta telaraña, bacterias de la putrefacción y otros bichos coprófagos.
A D. Mariano Rajoy le vendrán de perlas estos utensilios, aunque los utilice al principio con el tiento que le caracteriza. Pero a nuestro presidente autonómico D. Alberto Fabra, que ha quedado hiperlegitimado con las recientes elecciones en las que su partido ha arrasado aquí literalmente, las herramientas que recomiendo le son de estricta necesidad.
Escoba, plumero y trapo. Me consta que hay utensilios y otros productos mucho más avanzados, aunque me daría por satisfecho con el uso de éstos tan primarios. Es que lo de la limpieza es muy importante. Y eso que la limpieza en sí misma no es un satisfactorio, porque debería ser lo normal. Lo que se nota no es la limpieza sino su ausencia. Así que sería un buen momento para que nuestros jerifaltes usaran estos utensilios en pro de la higiene política. Son ya demasiados años de suciedad en la gestión de lo público, con desmanes de cohecho, prevaricación y otros abusos de poder. Cuando se ganan las elecciones de manera tan abrumadora y dominante, se debería elegir la opción de la limpieza en la gestión, para poner al pueblo del lado del gobierno aunque las medidas a tomar no sean precisamente para tirar cohetes. De lo contrario, si la suciedad se mantiene, no deberá extrañar a sus señorías que la gente se rebele y confunda la mayoría absoluta con antiguos sistemas de gobierno de infausto recuerdo.
Destornillador, alicate y martillo. Estas herramientas básicas de la mecánica, lo son también de la chapuza. Así que no estimo conveniente confundir el destino de su uso. En realidad, podrían ser utilizadas ahora para reparar las mentes de aquellos cargos públicos que se comportan como auténticos descerebrados, de los que les falta un tornillo. Sólo con este beneficio de la duda se pueden entender comportamientos en la gestión tan incompetentes e insultantes. Porque si lo hicieran conscientemente -¡Jesús, que horror!- no sería de recibo, con la consiguiente abundancia de legajos contra ellos en los juzgados y quejas en los medios y otros mentideros.
Lupa, microscopio y gafa de protección. En el caso de estos utensilios, deberían tener en cuenta nuestros presidentes que ellos no serán los únicos que los usen. Inevitablemente, los ciudadanos también vamos a observar, con todo detalle, las propuestas, decisiones y comportamientos de nuestros gobiernos. Fastidiados como estamos con esto de la crisis, esperamos de nuestros mandamases que tomen las medidas adecuadas para combatirla. Aunque también que las planteen con transparencia, justicia y equidad. Nosotros también nos recortamos, podría ser su gran eslogan. Así que tendrán que mirar con lupa lo que hacen, con microscopio los fondos disponibles y ponerse la gafa de protección para evitar lo que les pueda causar daño en los ojos.
Debo haberme levantado hoy utópico, porque me gustaría que nuestros respetables presidentes fueran, con el tiempo, respetados. Para ello tendrán que utilizar utensilios como los que les recomiendo para mirar a su alrededor, limpiar con esmero, reparar lo estropeado si es que tiene arreglo o cambiar lo que ya no se considere apto para el uso. Los ciudadanos esperamos que las duras propuestas que nos van a hacer sean las convenientes para ponernos todos a una. No olviden nuestros presidentes que han obtenido un elevado crédito en las recientes elecciones. Por favor, no se lo carguen en cuatro días. Y cuiden las formas. Porque las formas son lo primero que los ciudadanos percibimos y tienen la curiosa capacidad de alterar nuestras emociones, antes incluso de que hayamos llegado al fondo de la cuestión. Les deseo que sepan aprovechar convenientemente la confianza recibida de quienes se la hayan dado.
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