Opinión

Ser o no ser; esa es la cuestión

Antonio Gil-Terrón 

La honradez, como la virginidad, no admite grados; simplemente, se tiene o no se tiene; todo lo demás no son más que juegos malabares de palabras que tratan, sin conseguirlo, de desdibujar el halo marrón que decora la vida de ciertos sinvergüenzas, frescos desahogados, que no sienten el mínimo rubor a la hora de afirmar que ellos “son más honrados que mucha gente de este país”. Lo más patético es que además se lo creen.

No se puede ser más honrado o menos honrado. ¡Se es honrado o no se es!

Laicismo, modernidad y economía sumergida

Las cosas no ocurren por casualidad. Tal vez el karma del Estado sea la economía sumergida que lo socaba. Al fin y al cabo la economía sumergida no deja de ser más que la justa cosecha a la ausencia de valores y moralidad ciudadana; la consecuencia al amoral discurso de lo “políticamente correcto”, propiciado -cuando no subvencionado- desde las instituciones, en el que no han tenido cabida el “no robarás”, “no mentirás”, etc., por ser éstos, mandamientos de la políticamente incorrecta Ley de Dios. Pues que con su pan se la coman.

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