Opinión

Donantes de óvulos o esperma

Vicente Torres

Es propio de esta época en la que tantos se sirven de las apariencias o las etiquetas para andar por la vida con la cabeza alta e incluso despreciando a los demás.

Digo que es propio de este tiempo que se considere de mal gusto que se exija a estas personas que sean consecuentes con lo que pregonan. La persona más egoísta del mundo ha de ser tenida por generosa y desinteresada, porque así lo afirma el disfraz o la careta con que se presenta ante los otros.

En este estado de cosas incluso los que hay que consideran un acto altruista el de dar semen u óvulos para que los puedan aprovechar otros. Tratar de explicar que este gesto como mínimo es narcisista serviría de poco. Explicar que hay muchos niños en el mundo en espera de ser adoptados tampoco haría cambiar de opinión a casi nadie.

Hay otra cuestión, no obstante. En realidad, son muchas las que habría que tener en cuenta, pero lo que no se puede pasar por alto es que dar semen u óvulos equivale a abandonar un hijo en un lugar desconocido.

¿No le interesará nunca al donante saber si su hijo, o sus hijos, han llegado a nacer y qué es de ellos?

Pueden haber caído en manos de unos padres igual de irresponsables que los biológicos, o peores. No parece que les preocupe demasiado. Dan lo que tienen que dar y se olvidan. Si a los retoños que salgan se los comen los leones, ni se enteran. Ojos que no ven, corazón que no siente.

Ellos se sienten maravillosos, comprometidos con la sociedad y con el prójimo al que han ayudado en su necesidad, etc.

Las cosas no son a menudo, como parecen, sino que detrás de una fachada aparentemente limpia puede haber una gran montaña de mugre.

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ATENTADO EN BARCELONA
Harry Athwal, el turista británico que no quiso dejar morir solo al niño Julian en el suelo de La Rambla

Harry Athwal es un turista británico de 44 años que durante las últimas horas se está convirtiendo en Reino Unido en el símbolo de valentía, humanidad y ayuda a las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils por su actitud con Julian Cadman, el niño australiano de siete años que los Mossos han confirmado que murió en el ataque terrorista en La Rambla. Este inglés de Birmingham se encontraba en el balcón del primer piso de un restaurante de La Rambla en el momento del atentado del pasado jueves. Desde allí vio el ataque y tras pedir a sus acompañantes que no se movieran de ahí, bajo a prestar ayuda. “Fue instintivo. Miré a ambos lados, había cuerpos esparcidos y a mi derecha estaba el niño, en medio de la calle. Corrí directamente a él”, declaró Athwal al periódico británico Mirror. “Estaba inconsciente, su pierna estaba doblada y le salía sangre de la cabeza. Sabía que era más que sangre”, afirma. “Le tomé el pulso y no tenía. Puse mi mano sobre su espalda y pensé que se había ido. Le acaricié el pelo y me llené de lágrimas, pero me quedé con él, me senté allí porque no iba a dejar a este niño en medio de la calle”, asegura. Aunque la policía le reiteró varias veces que debía moverse ya que los terroristas podrían regresar, Athwal se negó a dejar a Julian. “Se parecía a mi propio hijo. Era de su misma edad, unos siete u ocho años”, asegura. “Nunca vi su rostro pero me consuela saber que tenía alguien con él”, recuerda Athwal, que tuvo que llamar repetidamente a los servicios de emergencia para que atendiesen al chico. “Había tanto pánico, la gente gritaba y había muchos cuerpos para atender”, indica. Posteriormente se reunió con su hermana y el resto de sus acompañantes en una farmacia donde esperaron hasta la medianoche cuando la policía llegó y les hizo marchar. Harry Athwal, que regresó a La Rambla para unirse al minuto de silencio, aseguró que se quedarían hasta el lunes tal como habían planeado. “Se lo debemos a Barcelona”, añadió.
(El Mundo)

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