Opinión

La solución Macron

Enrique Arias Vega / A contracorriente

El triunfo electoral del francés Emmanuel Macron y el Gobierno que ha confeccionado son justamente lo contrario que el extremismo de uno u otro signo que impera en USA, Gran Bretaña, Grecia, Hungría, Austria…

A lo mejor, lo suyo no es la solución ideal para los nuevos problemas de los países desarrollados (caída de renta, aumento de la desigualdad social, cambio de paradigma económico, contradictorio sentimiento nacional, dificultad de adaptación a un entorno vertiginosamente cambiante…)

Lo que sí es cierto, sin duda alguna, es que los partidos tradicionales están hechos unos zorros y no saben ya a quién representan. En Francia, por ejemplo, los ex votantes comunistas de Georges Marchais lo hacen ahora por Marie Le Pen, los conservadores holandeses tienen al frente a alguien que representa lo políticamente incorrecto, Pablo Iglesias preconiza recetas de las que ya se arrepintió el mismísimo Lenin, el republicanismo estadounidense debe apechugar con un tipo errático como Donald Trump, los socialistas de toda Europa se debaten entre sus valores del Siglo XIX o su pragmatismo del Siglo XX, sin saber qué les correspondería hacer en el Siglo XXI,…

En mitad de tanto desconcierto, Macron presenta el único intento innovador que ha tenido respaldo social: consiste en aceptar la globalización no sólo como un marco histórico inevitable, sino como una oportunidad de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos; en adaptar el trabajo humano a un mercado flexible, de necesidades cambiantes y de una mayor participación digital (justo lo contrario de lo que propone una izquierda española anquilosada y retardataria), en elegir las mejores recetas de la izquierda y de la derecha sin importarle el rótulo o la etiqueta bajo las que se cobijan.

Este salto adelante, esta liberación de viejos dogmas políticos, esta adaptación a la realidad, si tiene suerte, acabará con los viejos partidos (entre los que se incluyen los “nuevos” populismos con recetas de hace cien años) y sus esquemas económicos obsoletos y retrógrados. La solución a nuestros males no consiste en dar un paso atrás, con la pierna derecha o con la izquierda, sino en avanzar con las dos. Ése es el gran reto de Macron y, si lo consigue, será una esperanza y un ejemplo para todos nosotros.

@EnriqueAriasVeg

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ATENTADO EN BARCELONA
Harry Athwal, el turista británico que no quiso dejar morir solo al niño Julian en el suelo de La Rambla

Harry Athwal es un turista británico de 44 años que durante las últimas horas se está convirtiendo en Reino Unido en el símbolo de valentía, humanidad y ayuda a las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils por su actitud con Julian Cadman, el niño australiano de siete años que los Mossos han confirmado que murió en el ataque terrorista en La Rambla. Este inglés de Birmingham se encontraba en el balcón del primer piso de un restaurante de La Rambla en el momento del atentado del pasado jueves. Desde allí vio el ataque y tras pedir a sus acompañantes que no se movieran de ahí, bajo a prestar ayuda. “Fue instintivo. Miré a ambos lados, había cuerpos esparcidos y a mi derecha estaba el niño, en medio de la calle. Corrí directamente a él”, declaró Athwal al periódico británico Mirror. “Estaba inconsciente, su pierna estaba doblada y le salía sangre de la cabeza. Sabía que era más que sangre”, afirma. “Le tomé el pulso y no tenía. Puse mi mano sobre su espalda y pensé que se había ido. Le acaricié el pelo y me llené de lágrimas, pero me quedé con él, me senté allí porque no iba a dejar a este niño en medio de la calle”, asegura. Aunque la policía le reiteró varias veces que debía moverse ya que los terroristas podrían regresar, Athwal se negó a dejar a Julian. “Se parecía a mi propio hijo. Era de su misma edad, unos siete u ocho años”, asegura. “Nunca vi su rostro pero me consuela saber que tenía alguien con él”, recuerda Athwal, que tuvo que llamar repetidamente a los servicios de emergencia para que atendiesen al chico. “Había tanto pánico, la gente gritaba y había muchos cuerpos para atender”, indica. Posteriormente se reunió con su hermana y el resto de sus acompañantes en una farmacia donde esperaron hasta la medianoche cuando la policía llegó y les hizo marchar. Harry Athwal, que regresó a La Rambla para unirse al minuto de silencio, aseguró que se quedarían hasta el lunes tal como habían planeado. “Se lo debemos a Barcelona”, añadió.
(El Mundo)

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