Cultura

Eduardo Mendoza, ‘excelente muestra de la supervivencia de Cervantes’

Eduardo Mendoza recibe el Premio Cervantes e manos de Su Majestad el Rey Felipe VI/ MMDD

El Premio Cervantes 2016 ofrece un discurso impregnado de humor con el Quijote como referencia

MH.- “Han transcurrido ya varios meses desde que el ministro de Cultura me comunicó que me habían concedido el Cervantes y todavía no sé cómo reaccionar. Este premio no es fácil de asimilar. No peco de insincero al decir que nunca esperé recibirlo”. Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) nunca aspiró, efectivamente, al Cervantes.

Con esta honestidad y, sin pecar tampoco de falsa modestia, ha comenzado Eduardo Mendoza su intervención tras recoger el Premio Cervantes 2016 de manos del rey Felipe VI en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, donde ha pronunciado un discurso impregnado del humor que caracteriza su obra literaria y con el Quijote como punto de referencia.

El escritor ha arrancado varias veces las carcajadas de las autoridades y familiares presentes en el solemne acto, adelantado este año tres días al 23 de abril -fecha del 401 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes-, y al que no ha asistido el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que clausuraba a esa hora en Madrid la Asamblea General de la CEOE. Rajoy sí recibió ayer miércoles a Mendoza en la Moncloa, mientras que en Alcalá ha estado representado por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría.

En su discurso, Mendoza, enfundado en el tradicional chaqué ceremonial, ha realizado un paralelismo de sus andanzas en el mundo literario con las del hidalgo al rememorar las “cuatro lecturas cabales” de Don Quijote de la Mancha que guarda en su memoria: desde la primera que hizo obligatoria siendo adolescente y cursando “el preu” hasta la última realizada hace unos meses tras conocer que había ganado el Premio Cervantes, “la excusa perfecta para volver, literalmente, a las andadas”.

Tras subrayar que el reconocimiento de su obra con el Nobel de las letras hispanas implica, a su juicio, el deseo del jurado de “premiar” el género humorístico, que ha lamentado que sea considerado a menudo como “género menor”, el autor de Sin noticias de Gurb (1991) se ha confesado “fiel lector” de Cervantes y “asiduo” del Quijote, que “con cada relectura mejora y, de paso, mejora al lector”.

El lenguaje cervantino 

Traductor, novelista, ensayista y dramaturgo, Mendoza ha rememorado sus años mozos, la época del “preu” (Preuniversitario) en la que leyó por primera vez y “por obligación” el Quijote. Todos sus compañeros lo hicieron, fueran de ciencias o letras. “A diferencia de lo que ocurre hoy, en la enseñanza de aquella época prevalecía la educación humanística, en detrimento del conocimiento científico. La pomposa abstracción que hoy llamamos Humanidades, antes se llamaba, humildemente, Lengua y Literatura”.

El escritor de 74 años ha rememorado cómo la primera vez que leyó la obra, en el curso 1959-60, con apenas 16 años y como lectura obligatoria en la clase del hermano Anselmo, cayó rendido “a su encanto” de “y casi contra mi voluntad”. Como persona que desde niño quería escribir pero que no sabía “ni cómo ni sobre qué”, lo que le fascinó de la obra fue el “lenguaje cervantino” y el Quijote se convirtió en “un bálsamo y una revelación”: “De Cervantes aprendí que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia”, ha dicho.

La segunda “lectura cabal” de la obra de 1605 la hizo Mendoza una década después, ya convertido en un joven “ignorante, inexperto y pretencioso” que seguía “escribiendo con perseverancia, todavía con pasos inciertos, en busca de una voz propia” -empezó a trabajar de traductor y su primera novela no la publicaría hasta los 32 años, La verdad sobre el caso Savolta (1975), que se hizo con el Premio de la Crítica-. En aquella ocasión fue el Caballero de la Triste Figura y su “tenacidad y arrojo” lo que realmente le atrajo de la obra, especialmente porque era el “paradigma del idealismo” y se trataba de un “héroe trágico”, aquel que “nunca deja de ser héroe, porque es un héroe que se equivoca”, algo en lo que coincidía con el Quijote.

El verdadero humor del Quijote

La tercera lectura la acometió el autor barcelonés ya como “un buen padre de familia” y autor que ya había publicado algunos libros con el favor de la crítica y el público -lo que ha querido a agradecer públicamente a los editores Pere Gimferrer y Carmen Balcells-. Fue en esa “lectura de madurez” cuando Mendoza descubrió el verdadero “humor” de la obra de Cervantes, no tanto el de las situaciones o los diálogos, sino el que se trasluce de la “mirada del autor sobre el mundo” y que “reclama la complicidad entre el autor y el lector” y que es la clave de la novela moderna.

“Es precisamente el Quijote el que crea e impone este tipo de relación secreta. Una relación que se establece por medio del libro, pero fuera del libro, y que a partir de ese momento constituirá la esencia de lo que denominamos la novela moderna. Una forma de escritura en la cual el lector no disfruta tanto de la intriga propia del relato como de la compañía de la persona que lo ha escrito”, resalta el galardonado.

Pese a que raro es año que Mendoza no “picotea” en la obra cumbre de la literatura en español, la noticia del Premio Cervantes le sirvió de “excusa perfecta” para volver a releerlo “de un tirón”. En esta ocasión, el autor de La ciudad de los prodigios se vio “acompañando al caballero de vuelta a un lugar de la Mancha cuyo nombre nunca hemos olvidado” y le sirvió para, por un lado concluir que el hidalgo “está realmente loco, pero sabe que lo está”, y, por otro, constatar la transversalidad de los personajes de ficción y de las obras de ficción en sí mismas. Gracias a Alonso Quijano, destaca, los hidalgos, venteros, labriegos, curas y mozas con los que se cruza no reposan “en la fosa común de la antropología cultural”, sino que “están aquí, con nosotros, tan reales como nosotros mismos”. “Ésta es, a mi juicio, la función de la ficción. No dar noticia de unos hechos, sino dar vida a lo que, de otro modo, acabaría convertido en mero dato, en prototipo y en estadística. Por eso la novela cuenta las cosas de un modo ameno, aunque no necesariamente fácil: para que las personas, a lo largo del tiempo, la consuman y la recuerden sin pensar, como los insectos que polinizan sin saber que lo hacen”, ha subrayado el galardonado en su discurso.

Mendoza ha querido recalcar “estas cosas bien sabidas” porque vivimos “tiempos confusos e inciertos”, no en lo político y económico, donde siempre lo son, ha dicho, sino en referencia al “cambio radical que afecta al conocimiento de la cultura, a las relaciones humanas” y a “nuestra manera de estar en el mundo”.

A modo de conclusión de su aplaudido discurso de casi 25 minutos de duración, el cuarto autor catalán y barcelonés merecedor del Cervantes ha hecho otro ejercicio de modestia y se ha advertido a sí mismo de la necesidad de mantener los pies en suelo y no correr el “riesgo inverso” que el Quijote, esto es, “creerse protagonista de un relato más bonito que la realidad”. “Para los que tratamos de crear algo, el enemigo es la vanidad. La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo”, advierte el escritor, que ha garantizado que seguirá “siendo el que siempre he sido: Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores”.

Felipe VI: “Mendoza, excelente muestra de la supervivencia de Cervantes”

Tras las palabras del premiado, ha intervenido (discurso. pdf) Felipe VI, que ha definido a Mendoza como “trabajador” y “artesano del lenguaje” y “maestro en el manejo del idioma” y ha asegurado que “pocos” escritores contemporáneos han contribuido tanto como él al fomento de la lectura entre jóvenes y adultos, “demostrando que la popularidad no está reñida con la excelencia”.

El rey, que ha destacado también la calidad de “biógrafo de Barcelona” del premiado y el humor como “hilo conductor” de su obra, ha concluido su semblanza señalando la influencia del Quijote en la narrativa de Mendoza, “cuyos personajes concitan asimismo sentimiento de hilaridad y compasión” y que lo convierten en una “excelente muestra” de la “supervivencia” de Miguel de Cervantes.

Por su parte, el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, primero en intervenir, ha repasado en un discurso también con notas de humor, toda la obra del galardonado, en la que “la sombra de Miguel de Cervantes está presente”, y ha querido resaltar, al igual que Mendoza, que, con este reconocimiento, el de hoy era “un día de reparación” y para “situar el género humorístico en el lugar que le corresponde”, frente a aquellos que “erróneamente” lo consideran género menor. En este sentido, el ministro destaca que tampoco resulta “invisible” al jurado que el humor “no es un arte menor”, ya que fueron este rasgo y el ingenio quienes “engrandecieron universalmente” al propio Miguel de Cervantes.

Según Méndez de Vigo, es mediante ese humor como el autor de Sin noticias de Gurb “exhibe su condición de escritor cervantino” al emplearlo “como recurso con el que devolver al lector el placer de la lectura”. Y es que, para el ministro, la “aportación más notable” del galardonado a las letras es la “lección” de que “leer a un autor es un ejercicio entretenido en sí, y que nada obliga al lector acotar lo que está leyendo según unos parámetros previamente establecidos”.

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