Opinión

Antifranquistas

Vicente Torres

Cierto individuo al referirse a Franco lo hacía ridiculizándolo, despreciándolo, negándole casi, o sin el casi, su condición de persona. Pero antes de seguir quisiera aclarar que el objetivo de estas líneas no es el analizar la figura de Franco. Tampoco el de abarcar a todos los antifranquistas, sino tan solo a los que se den por aludidos.

El caso es que el citado individuo resultó ser simpatizante de Podemos, esos que tan bien se llevan con los etarras, con el chavismo y con los ayatolás, y en las que explicaciones que daba de sus creencias políticas (admiraba al régimen de los Castro) se advertía que en ellas ocupa un lugar preeminente el odio. Es decir, no tenía la menor intención de intentar ser mejor persona que Franco. Si lo criticaba no es porque instaurara un régimen dictatorial (y si alguna vez lo tildaba de dictador era por seguir el guión, no porque le importara mucho este detalle), porque fuera injusto o porque considerara que había perjudicado a España, sino sencillamente porque no era de su bando, sino del contrario. Lo criticaba para ser admitido en la tribu, para ser reconocido como miembro activo, para recibir palmaditas en la espalda, para distanciarse de aquellos que arbitrariamente eran señalados como herederos del franquismo.

Estas personas, en las que no se vislumbra ni un asomo de bondad por más que se indague en ellos, tienen un cierto peligro. En vida de Franco no se habrían atrevido con él, por la cuenta que les traía, sino que se habrían servido de su doblez para vivir del mejor modo posible. El peligro es para las buenas personas que caigan en su radio de acción, porque las detestan de un modo obsesivo. La proximidad de las buenas personas les hace mucho daño, motivo por el cual tratan de destruirlas, si perciben que pueden hacerlo con impunidad.

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Verde, que te quiero verde, puede recitar este Betis, que dominó, tuteó, resistió y redujo al Madrid en un acto calamitoso para Cristiano, con síndrome de abstinencia, y Zidane, que recompuso al equipo como si hiciera una pizza: amontonó delanteros de la misma forma que se echan ingredientes sobre la masa. Quique Setién, en cambio, gestionó los tiempos hasta acabar el partido del mismo modo que empezó, con la pelota y una sinfonía de toques antes del remate de Sanabria. Tanto pensar en los récords históricos y universales, en lo trascendental, el Madrid, a siete puntos del Barça en cinco jornadas, tiene, hoy, un problema doméstico y terrenal.(El Mundo.es)

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