Opinión

Del dolor y el placer

Antonio Gil-Terrón 

¿Cuánto tiempo seríamos capaces de sobrevivir si el dolor y el placer no existieran, así como el conocimiento y la cultura que la experiencia de los mismos ha aportado a la raza humana?

Y sin el placer que produce la reproducción sexual, cuánto tiempo habría tardado en extinguirse la raza humana… Pues no hubiese pasado de la primera generación, amén que ésta no habría sobrevivido ni una semana.

Si en el cerebro humano anulamos la sensación de sed, de hambre, de frío, de calor, de sueño, de cansancio, de dolor…; si anulamos la sensación de placer al comer cuando sentimos hambre, de beber cuando sentimos sed, de cubrirnos cuando sentimos frío, de dormir cuando sentimos sueño, de descansar cuando estamos cansados… ¿Cuánto tiempo sobreviviría una persona?

El ser humano moderno, podría sobrevivir y reproducirse en base a la cultura y conocimiento que tenemos del dolor y el placer, pero si también eliminamos del cerebro ese conocimiento, ¿cuánto duraría vivo?

El ser humano es de naturaleza borde, y lejos de valorar el diseño inteligente que le permite sobrevivir y reproducirse, se ha dedicado a hacer del placer y del dolor un arte, estirándolos artificialmente, más allá de su natural utilidad.

Hedonismo, sibaritismo, onanismo, sadismo, masoquismo…

Sin embargo, aquellos que caen en ese círculo de autocomplacencia, tiranizados por su cuerpo y los sentidos, van saltando del placer al hastío, para de nuevo volver al placer; cuando no a la frustración de no poder conseguir siempre lo que el cuerpo exige.

Y es que nos acostumbramos muy rápido a lo bueno y cada vez queremos más; porque lo bueno, materialmente hablando, tan solo conduce al ser humano a decir: lo tengo todo y sin embargo me siento vacío por dentro.

El intentar prescindir del dolor, para llevar una vida exclusivamente de placer, acaba por anular la capacidad de sentir placer, ya que es un binomio que por separado no funciona.

No hay placer sin dolor previo. Las cosas son así, y quien diseño el sistema lo hizo a prueba de listos y tramposos.

No se puede disfrutar del placer de una buena comida, si antes no se ha sentido el dolor del hambre. No se puede disfrutar del placer del beber, si antes no se ha sufrido el dolor de la sed; no se puede disfrutar del placer del descanso, si antes no se ha sentido el dolor del cansancio. Y así, un largo etcétera.

Es curioso, pero aquellos que quieren aumentar el placer, tiene que ser a base de aumentar el dolor previo. Cuanta más hambre, que a la postre es dolor, mayor placer al comer. Cuanta menos sed, menos placer al beber.

El dolor y el placer van siempre cogidos de la mano, y nada tienen que ver con la inteligencia del ser humano ni su evolución, pero sí con la inteligencia de Aquel que lo diseñó.

El dolor no existe para mortificarnos, sino para que sobrevivamos y crezcamos.

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ES NOTICIA… Alcoy vuelve a rendirse a la espectacularidad de sus Entradas de Moros y Cristianos

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Alcoy ha revivido este domingo las batallas de la Reconquista con sus Entradas de Moros y Cristianos, declaradas de Interés Turístico Internacional. La coincidencia con el fin de semana y la meteorología, que finalmente ha respetado el día más llamativo de estos festejos, contribuyeron al lleno absoluto, con miles de personas que ocuparon al milímetro balcones y aceras de las principales calles del centro de la ciudad. Tras la primera Diana, que empezó cuando apenas rompía el alba, arrancó desde El Partidor la Entrada Cristiana, que este año corrió a cargo de la Filà Navarros. Desde lo más profundo de los bosques del norte, envueltos en un halo de misticismo, hicieron su entrada las tropas del Capitán, figura que encarnó el veterano festero José Vicente Jornet. Le precedieron grupos de amazonas y bailes de sobrecogedores aquelarres, así como imágenes tan espectaculares como las que dejaron los Zanpantzar, procedentes en este caso del pueblo de Ituren. Estos personajes tradicionales de la cultura vasca, que anuncian la llegada del carnaval agitando sus cuerpos de paja y sus cencerros, deleitaron al público con sus movimientos y contundentes sonidos.
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