Opinión

Vivir distanciados

Enrique Arias Vega / A CONTRACORRIENTE

Reconozco que últimamente me desazona vivir en España.

No sólo por la degradación de las condiciones de vida de muchas personas, que también. Pero, sobre todo, por la sensación de pesimismo generalizado, de queja constante, de tensiones ideológicas y políticas entre unos y otros…

“¡Y eso que sois unos juerguistas que vivís ‘de puta madre’!”, me dice un amigo extranjero, afincado entre nosotros desde hace años.

Lo cierto es que, desde que llevo unas semanas recorriendo países foráneos, me siento más relajado. No es porque ellos no tengan problemas —¡vaya por Dios que sí!—, sino porque se los toman con más calma.

Ahora llevo unos días en el Reino Unido, sí, el país del brexit, de la masiva inmigración multicultural, del último atentado islamista en el puente de Westminster, de la difícil negociación con la UE, de los precios inmobiliarios por las nubes…

Pues ya ven a sus habitantes: aparentemente tranquilos. Y los medios de comunicación, tan dados al escándalo en otras épocas, ahora con el diapasón más bajo, ocupados en cuestiones domésticas de menor alcance, olvidados de Irlanda del Norte, las luchas partidistas, la corrupción y otras causas de estrés.

En ese ambiente de relativa placidez, pese al terrorismo yihadista y a otras maldades varias, uno acude de vez en cuando a los medios de información españoles y se pone nervioso al ver la ácida agresividad que destilan. Y, si no, tenemos las redes sociales, los amigos de Facebook, los chats de WhatsApp y demás parafernalia digital nacional que dedican su energía a criticar al prójimo, a poner verdes a quienes no piensan como ellos y a recordarnos que vivimos en un mundo horrible, lleno de hijos de mala madre.

¿Seguro?

Como tengo la convicción de que eso no debe ser así, procuro distanciarme de las querellas domésticas que nos inventamos los españoles a cada rato y que sólo reproducen odios tribales y antagonismos de tres al cuarto. Hay que vivir más distanciados de las cosas y de las personas, me digo, si no queremos que acaben por contagiarnos sus rencores y sus prejuicios.

@EnriqueAriasVeg

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ES NOTICIA… Alcoy vuelve a rendirse a la espectacularidad de sus Entradas de Moros y Cristianos

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Alcoy ha revivido este domingo las batallas de la Reconquista con sus Entradas de Moros y Cristianos, declaradas de Interés Turístico Internacional. La coincidencia con el fin de semana y la meteorología, que finalmente ha respetado el día más llamativo de estos festejos, contribuyeron al lleno absoluto, con miles de personas que ocuparon al milímetro balcones y aceras de las principales calles del centro de la ciudad. Tras la primera Diana, que empezó cuando apenas rompía el alba, arrancó desde El Partidor la Entrada Cristiana, que este año corrió a cargo de la Filà Navarros. Desde lo más profundo de los bosques del norte, envueltos en un halo de misticismo, hicieron su entrada las tropas del Capitán, figura que encarnó el veterano festero José Vicente Jornet. Le precedieron grupos de amazonas y bailes de sobrecogedores aquelarres, así como imágenes tan espectaculares como las que dejaron los Zanpantzar, procedentes en este caso del pueblo de Ituren. Estos personajes tradicionales de la cultura vasca, que anuncian la llegada del carnaval agitando sus cuerpos de paja y sus cencerros, deleitaron al público con sus movimientos y contundentes sonidos.
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