Opinión

Tufillo a Navidad

Pedro H. Pineda

– Pedro, ¡Feliz Navidad!

– ¡Ah! Pero, ¿te has acordado, querido amigo? Yo creía que con tantas celebraciones del solsticio de invierno, tantas lucecitas y farolicos aéreos de acá para allá, tanta musiquita y bailoteo callejero, se te habría olvidado tu anual felicitación navideña. Ya veo que no. Y te lo agradezco, y te deseo que esta Navidad sea para ti lo que siempre has vivido: Tiempo para la familia, para los amigos, para el cariño hacia todo lo que se mueva, limpieza de espíritu, y brazos abiertos para todos. Pues que sea así. Te deseo toda la Paz y el Amor que puedas abarcar. Y si te sobra algo, dáselo al más cercano. Y si no te sobra, compártelo, que siempre sabe mejor el gusto de un pequeño trozo de felicidad cuando ves feliz al que le has concedido parte de la tuya.

– ¿Sabes? Estas fiestas, estas fechas, despiertan en mí muchos sentimientos. Renacen con fuerza los recuerdos, la familia que ya no está, los amigos que se fueron, los sucesos que ocurrieron tales o cuales navidades, la familia con la que te reúnes, los amigos que te encuentras, el villancico que oyes por la calle, las luces que brillan, el ausente que acude por Navidad, la cara de felicidad de los niños cuando contemplan los juguetes de un escaparate, la inocencia y el candor que destilan ante un Belén, … En fin, se haría interminable mi enumeración y a lo mejor me llamas algo más que nostálgico… Pero quiero hablarte, aunque sea someramente, de “mi Navidad”.

– Quiero tener en mi casa un Belén. (Lo del árbol de navidad todavía se me atraganta un poco). Quiero encender cada día sus lucecitas, y poner una velita, con una oración sencilla, para que la Paz reine en nuestros hogares, y en el mundo entero. Quiero detenerme ante sus tiernas figuras, cada vez que pase por su lado y tratar de entender lo que me dice la Virgen, quedamente al oído: “Oídle a Él. Tiene palabras de vida eterna”. Pararme en la figura de San José, siempre al lado de su esposa, siempre cuidando del Niño Dios. Fijarme detenidamente en ese Niño semidesnudo, entre pajas y pañales, con su manita al aire, como intentando, ya desde la cuna, enseñarnos el camino hacia la verdadera felicidad.

– Quiero rodearme de mi familia, de mis hijos, de mis nietos, y entonad clásicos villancicos -clásicos y bellos, “Oh, Blanca Navidad”, Adeste Fideles, Noche de paz.- , clásicos populares – populares y encantadores, “Campana sobre campana”, “A belén pastores”, “Ya vienen los Reyes”…, con esas notas tan sencillas como encantadoras-, entonad, a veces algunas letras que rayan en la irreverencia: “San José le dijo al Niño:/ven acá cabezolón./Tú que te has comío las sopas/ ahora friegas el tazón”. Y alegría, mucha alegría, la que sale de unos corazones sanos y limpios, para que sea como un torrente que lave tanto odio como existe en el mundo.

– Quiero vivir el fin de año, echando al vertedero todo lo malo que haya ocurrido en el actual y llenando de buenos deseos mis alforjas y las de mis seres queridos para el año que empieza.

– Quiero esperar con verdadera ilusión la madrugada del día de Reyes. Quiero despertarme como un niño, ansioso de descubrir los juguetes que me han dejado los Magos… Aunque me encuentre con la corbata de todos los años, con las zapatillas de felpa y cuadros, con la colonia consabida… Lloraré de emoción porque se acuerdan de mí…

– Quiero esperar ese beso de mis hijos, el abrazo de mis nietos, el cariño de mi esposa, el recuerdo de mis amigos y vecinos. Hasta la mirada inquisitiva de Chimo y Vicky reclamándome sus especiales salchichas de Navidad. (Ellos son los perritos de mis hijas)

– Quiero, al fin, que esta Luz que se enciende en Navidad, la que trajo un Niño para todos nosotros, luzca y brille todo el año.

– Quiero, querido amigo, que pases una Feliz Navidad y tengas un Próspero Año 2017. (Como se ha dicho toda la vida)

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La educación es un ornamento en la prosperidad y un refugio en la adversidad. (Aristóteles)

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