Parchis
Opinión

Aquellas escuelas de mediados del sigloXX

Pedro H. Pineda

¿No crees, amigo, que ya va siendo hora de ir a la escuela?

Nosotros llamábamos “Los Grupos” al único Centro Escolar de mi pueblo que constaba, de diez unidades, cinco de niños, en el primer piso, y cinco de niñas, en el segundo, que por entonces se llevaba eso de la enseñanza sexista… Se encontraba situado en las afueras del pueblo, en el mismo lugar en que hoy se hallan distintos centros escolares, teniendo que ascender al mismo entre las distintas eras y descampados, sin un camino o vereda definido, como no fuera por una carretera local… Para un niño pequeño en edad, en estatura y ciencia como lo era yo por entonces, -hoy tengo más edad, casi la misma estatura y un poco más de ciencia-, aquella travesía diaria era como ascender al Everest…(¿Se nota que soy andaluz?) Sobre todo, en los duros inviernos en los que había que luchar con el terrible frío de aquellos años, incluidos hielos, nieves, lluvias, etc.

¿Cómo nos protegíamos del frio? Era normal que cada niño llevase a la escuela una gran lata, bien cargada de ascuas, que cada uno ponía debajo de su pupitre…A la hora del recreo ya no quedaba más que ceniza. Pero yo tenía mi pequeño truquito… bueno, yo no, sino mi madre, que cada día se levantaba muy temprano –como siempre lo hizo- y me hacía al horno dos o tres rechonchos boniatos, que ponía en los bolsillos de mi gabardina y que guardaban el calor como una estufa. Así yo estaba calentito toda la mañana y, en el recreo, daba buena cuenta de ellos. ¡Que buenos, Dios mío! Cuando algún día como boniatos asados no me saben como entonces, pero claro… ya tengo el aire acondicionado.

¿Quieres saber cómo era nuestra mesa de trabajo? Te dejo aquí una somera descripción y una foto, aunque en ésta que poseo faltan algunos de los elementos que aquí se describen:

“Una de las innovaciones pedagógicas más revolucionarias del siglo pasado fue, sin duda, el diseño integrado y modular de un pupitre y banco de madera para cada alumno, con su tintero incorporado, ranuras para depositar plumas y lápices, asiento abatible y apoyo para los libros y cuadernos. Esta tecnología se puede considerar como precursora de la moderna «estación de trabajo» (workstation) que ha sido concebida para la computadora de mesa (desktop computer). La comparación entre las dos tecnologías no deja de ser interesante. El banco/pupitre escolar tuvo una enorme aceptación en el mundo entero y se convirtió en el primer mueble diseñado expresamente para la educación. El diseño inicial se fue perfeccionando con el tiempo y llegó a incorporar algunos parámetros ergonómicos para mayor comodidad de una posición sentada prolongada, con curvaturas anatómicas para el respaldo y el asiento. Además, se construyeron muebles de diferentes tamaños para diferentes edades. En suma, se creó una nueva tecnología que fue plenamente exitosa en su tiempo.”(De la web).

Como habrás podido apreciar, querido amigo, son muchas las diferencias con la escuela de hoy. No estaría de más comparar alguna de las situaciones aquí descritas con las actuales.

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