Opinión

Perdónales, Señor, aunque sepan lo que se hacen

Pedro H. Pineda

INFORMA PISA.- “España es uno de los 72 países participantes (35 miembros de la OCDE y 37 países asociados) en esta evaluación, que se realiza cada tres años; en esta ocasión han participado todas las comunidades autónomas. Pese a que el informe recoge cómo España se sitúa parejo por primera vez a la media de los países desarrollados, la noticia no es tan positiva ya que la media general ha descendido.” (InformaValencia.com, 6/12/2016)

Esta es la noticia con la que, según parece, pasamos a ocupar el puesto nos corresponde en el ránking mundial de la enseñanza. Hace pocos años, escribía yo en un blog personal una entrada hablando de la situación de la enseñanza en aquellos momentos. Hace ya siete años, aunque las ideas siguen vigentes para mí, por eso te entresaco, querido amigo, algunas de ellas. Como suelen decir los toreros, “¡va por ustedes!” O si lo prefieren, como diría el castizo: “al que le pique, que se rasque”
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«Perdónales, Señor, aunque sepan lo que se hacen».

Decía el insigne ex-alcalde de Madrid, Tierno Galván, que «ya se sabe que las promesas electorales están para no cumplirlas», o algo por el estilo… Los tontos, bobalicones e inocentes somos los que una y otra vez caemos en la trampa de una campaña electoral. No voy a dar una valoración política, ya que seré lo que se quiera, menos político, pero sí dar un toque de atención sobre los continuos atentados a la educación de nuestros hijos.

Creo sinceramente que los políticos no saben – ¿o sí? – las consecuencias de sus propuestas y leyes educativas. O no tienen ni idea, o sólo buscan su beneficio personal, el de su partido, o el de «su país». El caos mental que se produce en un alumno con esa diversidad de asignaturas e idiomas es inimaginable para un lego en la materia. Imagínense un día de trabajo cualquiera en un alumno en que en sus cinco horas lectivas ha tenido que oír sus clases en tres idiomas. Naturalmente han tenido que pasar tres profesores distintos o, posiblemente y en muchos casos, cinco, porque puede que un día también haya entrado en esa clase el de Música, el de Educación Física, o el de Religión o Educación para la ciudadanía. ¿Creen honradamente que un alumno de 6 a 11 años tiene capacidad de adaptación para soportar esta situación? ¿Saben ustedes que en el cambio de clase pueden pasar de 10 a 15 minutos entre que sale un profesor y entra el siguiente, y se pone «orden en la sala»?

Tal vez sea un iluso, un ingenuo o que vivo en Babia, pero el problema tiene fácil solución. Bastaría con que hubiera colegios para estudiar en un sólo idioma, con las asignaturas preceptivas, incluyendo un idioma extranjero y otro nacional. O sea, podían existir estos tipos:- Solamente en castellano, pero con la asignatura -si la hubiera- del idioma autonómico correspondiente, y un segundo idioma extranjero.- Solamente en el idioma autonómico, más el castellano y el segundo idioma extranjero.- Existe otra tercera opción, pero ésta no habría que implantarla, pues ya existe, sin que el Estado se meta en su funcionamiento y que se trata de los «Liceo Francés», o los «Colegio Alemán», “British College” y otros tantos, en los que la enseñanza se imparte única y exclusivamente en sus idiomas correspondientes, desde que el alumno traspasa sus puertas a la entrada, hasta que sale a la calle, una vez transcurrida la jornada escolar. Qué curioso que ningún político se rasgue las vestiduras, con la particularidad de que son los preferidos para enviar a ellos a sus hijos. – Esta tercera opción podría incluir a colegios unilingües: sólo en castellano, sólo en gallego, o catalán, o vasco…

No hay ningún político «con narices» que se atreva a proponer un sistema de elección libre de colegio. Ni menos a implantar el llamado “cheque escolar”. Porque estamos en España y, aquí, tradicionalmente, somos más papistas que el Papa. Comparen nuestro sistema educativo con el inglés, el alemán, el francés… Así nos va y así se explica que, en el ranking mundial, nuestros estudiantes estén en los últimos lugares.

Algo habrá que hacer si no queremos que nuestros hijos sean los zoquetes del planeta Tierra.

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