Opinión

Calzones y calzonazos

Susana Gisbert

 

Atrapados en el tiempo. El título de la película en que el protagonista se veía repetir una y otra vez el mismo día, el famoso Día de la Marmota, que no deja de venirme a la cabeza en estos días, tras la segunda no-investidura. Y ojo, que lleva camino de emular el título de otra película, La Historia Interminable. Por más que muchos tengamos ganas de que todo este desconcierto pase a ser Lo que el viento se llevó. Pero, de momento, parece Misión Imposible

Cuando, a través de todo este año, hemos asistido a la imposibilidad de nuestros políticos de llegar a un acuerdo, me he estado preguntado cómo es posible tal cosa. La gente se pone de acuerdo para muchas cosas, por más difíciles y alejadas parezcan sus posturas. Y, sin embargo, nuestros aspirantes a gobernar se comportan como los personajes de una de esas series de vecinos con cuyos capítulos nos asaetan los programadores una vez y otra.

Y, precisamente este verano, cuando los desencuentros de ellos y el hastío de los ciudadanos ha llegado a las más altas cotas, hemos podido comprobar que llegar a acuerdos no es tan difícil. ¿Exagero? Si así lo creen, fíjense en lo que pasa con las estrellas del fútbol y esa cosa indescriptible que llaman el mercado de fichajes. Un enorme escaparate donde se compran y venden supuestos genios del balompié, con obscenas cantidades de por medio, y aderezados por la repercusión y hasta histeria que tiñe todo lo que se relaciona con el llamado deporte rey.

Presidentes de clubes que un día dicen que tal o cual jugador no se vende, entrenadores que afirman que no hay intención de fichar, o jugadores que se vanaglorian de sentir los colores de un club que no van a abandonar nunca. Y, de pronto, chas!: se abre la veda y nada es lo que prometían. Compran, venden, ceden o descartan, y los colores que antes se sentían a muerte son los de otras camisetas. Dan una rueda de prensa, se hacen fotos con la nueva equipación y los hinchas aplauden a su nueva estrella como si hubiera estado ahí toda la vida.

Para acabar de redondear el pastel, unos y otros hacen un par de tuits expresando su satisfacción, y aquí paz y después gloria. Y acaba el plazo del mercadeo con los deberes hechos, con un ingente tráfico de millones que sonroja al más pintado. Y aquí no ha pasado nada

¿Por qué entonces nuestros políticos no son capaces de hacer otro tanto? ¿Será cuestión de equipación? Porque tal vez sea cosa de que cambien chaquetas y corbatas unos, y su sempiternas camisas blancas otros, por unos calzones de jugar al balompié. Ya saben, cuestión de un par de pelotas, no más. De fútbol, por supuesto.

Pero, tratándose de tan grandes señores, no debiéramos conformarnos con unos simples calzones. Unos bien grandes, donde cupiera toda la intolerancia que deberían guardar en salva sea la parte. Es decir, unos calzonazos, aumentativo de “calzones”, como todo el mundo con unos conocimientos mínimos de gramática sabe.

¿O no? Porque la RAE da otra definición de “calzonazos”, bastante machista, dicho sea de paso. “Hombre de carácter débil, que es muy condescendiente y se deja dominar con facilidad por otra persona, especialmente su mujer”. Y estos señores no sé si son débiles pero tienen menos cintura que el campeón de una competición de bebedores de cerveza en los momentos en que deberían tener la flexibilidad de un contorsionista. Y tal vez, solo tal vez, si se dejaran de líneas rojas y cambiaran el monólogo por diálogo algo avanzaríamos.

Me decía una amiga que si los candidatos fueran mujeres, otro gallo nos cantara. Que seguro que ya habrían alcanzado a un acuerdo. No me atrevería yo a decir tanto, aunque sí es cierto que algo tiene de extraño que entre los líderes que nos representan, ninguno pertenezca al género femenino, de un modo poco representativo de una sociedad donde más del cincuenta por ciento somos mujeres. Pero esto es lo que hay.

Así que, señores, les propongo que pongan los balones encima de la mesa de negociaciones y, con calzones o con calzonazos, dejen las Navidades para los villancicos y no para las sintonías de sus campañas. Que ya hemos tenido suficiente. ¿o no?
twitter @gisb_sus

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