Entretenimiento

Más bonita que ninguna

Cuando veo un Telediario que las altas temperaturas son un factor de riesgo para los colectivos sensibles siempre me pregunto cómo nos participarían de la llegada del pedrolo del Armagedon

Noe Martínez / LIVING LA VIDA MADRE

SUGERENCIA MUSICAL, “Más bonita que ninguna”, de Rocío Dúrcal

 

El calor llega, siempre. Da igual lo mucho que tarde en hacer acto de presencia, porque llegar, llega. Aquí y a Albacete. Por lo que, cuando veo un Telediario, anunciando a bombo y platillo que las altas temperaturas son un factor de riesgo para los colectivos sensibles (abueletes y niños), siempre me pregunto cómo nos participarían de la llegada del pedrolo del Armagedon. Y no me mal interpreten, que feliz me hallo de que se acuerden de poner en valor que los pequeñitos han de beber agua, de llevar ropa ligera de fibras naturales, de no salir de casa en horas de sol perpendicular y justiciero, pero lo que ya no me parece tan bien ni tan pintoresco, es que pongan imágenes de parques acuáticos maravillooooosooooos, difícilmente disfrutables, para las mamás con hijos, que trabajamos en agosto. El calor llega, y el ocio infantil televisivo, se dispara en efectos especiales…

– Papi, ¿cuándo vamos a ir a esa piscina…? – Mi mayor, con los ojos dilatados, tanto, que parecen un helipuerto – ¡Tiene un tobogán que es una ballena y un kiosko de helados en medio del agua!

– ¡Mola, eh…! – El paciente padre se conchaba con él – En cuanto mami tenga vacaciones, organizamos algo chulo, ¿qué te parece?

– A mí me parece súper mega genial… – Festejo+Lamento; no quiero cortar el rollo, porque sé que agosto es un mes de descanso familiar, pero cuando el parné llama a la puerta, hay que abrirle paso hasta la cocina – ¡A ver si hay suerte y el buen tiempo dura hasta navidad…!

– ¿Del 2016…? – Mi maridito, la retranca la inventó él.

– La del 2025 rima con dos rombos… – Aprovecho que voy con el bebé en brazos, para darle un coscorrón amoroso.

– ¿¡En navidaaaad…!? – Nicolás, que es un erudito en el arte de la comunicación, está en cogiendo horas de vuelo en el doble sentido – Mamitaaaa, pero en navidad no podemos ir: ¿cómo me voy a tirar del tobogán de ballena, con el gorrito de lana y los guantes de Spiderman?

El paciente padre y yo nos miramos y reímos, locamente.

– ¡No, hombre! En los parques acuáticos no hay que ir abrigado en invierno, porque están aclimatados para el frío: siempre hace calor…

El bebé, que no habla con soltura pero entiende como un dependiente de bazar chino, nos mira y se tira en el suelo, haciendo que nada sobre la alfombra de foam, que hace las veces de puzle, de casita de muñecas, de proyectil tierra-aire.

– ¡Olé, olé, olá, Lorenzo! ¡Practicando el estilo libre para las vacaciones! – Beso la cocorota de mi pequerrecholo, no es para menos. Y me río, también, porque está pavero a morir.

– Mamita, no le digas vacaciones, porque después sueña y qué… – Arguye Nicolás, como si se hubiese comido a José Luis Balbín.

– ¿Y qué mal tiene que sueñe con las vacaciones, hijo? – Inquiero, con tono perplejo.

– Pues tiene que, si sueña ahora con las vacaciones, hasta que venga papá Noel, se le va gastar el sueño bonito de nadar y bajar por el tobogán de la ballena y comer helados en el kiosko que está en el agua, qué te crees…

Y entonces, sólo entonces, me doy cuenta de lo mucho que hemos perdido en calidad de la vida las familias con niños y empleos de va y viene (y menos mal). No es viajar lo que se echa de menos cuando tienes niños (que hacerlo es una carrera de fondo sólo apta para padres con doble fuelle y ‘RH RedBull +’), lo que se echa en falta es tiempo de ocio común, en el que los aires de molicie sean los que marquen los tiempos. Por muchos horarios que las mamás seamos incapaces de pasarnos por el ‘ya te dije’, saber que puedes darles materile, también es una forma de libertad ficticia. Madrugar para ir a trabajar en agosto es una boñiga y una burbuja de metano de culo de vaca. Pero, madrugar en agosto para hacer día de pisci, de playa, de paseo en polaina y patinete, es un premio; y jamás de los jamases es un premio de consolación.

– ¿Sabes qué, Nicolás? – El paciente padre acude a mi desasosiego porque sabe que me manejo horriblemente con las culpas y las penas: llorar, válvula de escape, en 3, 2, 1… – Que este mes vamos a ir a la playa toooodaaaas las tardes, en cuanto mami salga de trabajar, porque ¡ya sabes nadar!
Lorenzo, que vuelve a oír nadar, se tira otra vez sobre el tapiz de foam, y venga dale que te pego, nadando en seco. Es tan gracioso, tan poco coordinada su coreografía y tan absolutamente tierna la imagen, que, sin decirnos nada, nos vamos los tres hacia él, papá, mamá y hermano mayor, y nos lo comemos a besos y besetes. El bebé, que es cariñoso y zalamero, pero no entiende ese acoso a la natación olímpica, nos asesta un patadón que, por supuesto, acaba en todos mis morros.

– ¡La madreee…! – Protesto, protegiéndome los labios con la mano, y pasándome la lengua por los dientes, asegurándome que seguían todos allí, en fila india.

– Esa eres tú: la madre. Y como tú, más bonita que ninguna…

Allí tirados los cuatro, con tantísimos grados asustando tras el ventanal del salón, con el telediario de fondo recordándonos que este año los nombres más populares para niño y niña han sido Lucía y Daniel, nos dejamos ir en un amasijo-abrazo, tan rudimentario como rico, rico y con fundamento. Tarareamos all together el estribillo de una canción fuera de época, fuera de lugar y esencia, pero tan pegadiza, que una vez se escucha, como abeja a miel, oigan.

MásbonitaaaaQueNingunaaaaMásBonitaaaQueNingunaaaaaaa. Sea como fuere, con parque acuático, playa o isla desierta, dibujada en los sofás con ceras Manley, lo único importante del verano es disfrutar juntos de lo que se tiene. Trabajar en agosto debería ser un ejemplo de tortura psicológica para las parejas con hijos, sin embargo, son ellos, los pequeños los que te salvan del diván y la farmacopea…

– *Mamááátquiroshmuá…

*Mamá, te quiero, muá… <3 <3 <3 <3 Me lean, saboreen, degusten y disfruten de corazones virtuales, en lenguaje 2.0 

El futuro Michael Felps, se me echa encima y me da un beso de babas, de esos que me dejan el flequillo con gomina. El mayor, animado por ataque de amor loco, hace lo propio, y cual caracol, me lame la cara como lo hace su hermano. El paciente padre, aprovecha para coger el IPhone, para inmortalizar el momento, poniendo el temporizador y poder, al fin, salir los cuatro juntos en una foto (es más probable que antes inventen la teletransportación…). Para cuando la cuenta atrás está a puntito de caramelo, oímos un prrrrr.

– Lorenzooooooo… – Protesta Nicolás, llevándose las manos a la nariz – ¿Eso fue un pedete o tienes una trompeta en el culo…?

En serio se los digo, chatos, en un hogar con niños, no hay lugar para las penas. No tengo vacaciones en agosto, cierto. Pero en mi salón tengo monólogos del Club de la Comedia a diario. ¿Saben aquel que diu…?

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