Opinión

A vueltas con la multa

Juan E. Daroqui / ECONOMISTA

Llevan en la Unión Europea esperando, ya con impaciencia, a que tengamos gobierno para decidir la multa que nos van a imponer, por no cumplir reiteradamente las promesas de reducción del déficit a los niveles que nos marcaron cuando rescataron a nuestros bancos.

Y nos la van a imponer, seguro, aunque nuestro ministro de economía dijera que no en un debate electoral, y no porque nos la merezcamos especialmente, si no porque el ínclito Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas alemán, y su jefa Ángela Merkel no quieren que nos libremos de ella de ninguna manera. El importe o las formas están por decidir pero no van a dejar que nos salga gratis. Ni a Portugal tampoco. Puede incluso que no haya multa en sí, pero nos congelaran fondos europeos muy necesarios para la recuperación. Eso como mínimo.

Y digo que no nos la merecemos especialmente porque según los números de un importante think tank alemán, se ha incumplido el pacto de estabilidad de la Unión Europea en 165 ocasiones. Francia ha incumplido los objetivos de déficit en 12 ocasiones, Alemania 7 veces y España 8. Ni a Francia ni a Alemania se le ha sancionado porque, claro, son Francia y Alemania, los dos grandes de la Unión, que para evitar las multas cambian las reglas cuando les conviene a ellos. Nosotros pintamos más bien poco en esta Europa cada vez más desunida y por eso no tenemos la fuerza suficiente para conseguir que no se nos multe.

Yo soy de los que piensa que no se nos ha de sancionar porque el fallo está en origen, en marcar unos objetivos de déficit incumplibles, que fuerzan el austericidio al que nos están sometiendo desde el norte a los países del sur.

Parece que ya se asume que las políticas de recorte no son la solución a la crisis. Tenemos ejemplos varios, pero como más destacado Grecia. Hay multitud de voces, economistas muy autorizados que ya hace tiempo que lo están diciendo y escribiendo.

En relación con la multa, muchos economistas, de todo tipo e ideología, piensan que sería contraproducente para la recuperación de las economías de la península.

Nombres como Peter Bofinguer, Carmen Reinhart, Alberto Alesina, Paul de Grauwe, Ángel Gurria, Jacob Kirkegaard  y otros muchos, critican la imposición de sanciones con argumentos tan variados como “La última cosa que Europa necesita en este momento son las sanciones, que crearán más división. Europa necesita flexibilidad, no multas”, “No recuerdo un grado de estupidez económica semejante. La Comisión aplica una y otra vez reglas que han dejado heridas a millones de personas; tiende a convertirse en inexplicable aliado de las fuerzas antieuropeas”, “Los déficit de España y Portugal no son mucho más elevados que los de economías avanzadas como EE UU, Reino Unido, Japón o Francia. Nadie ha sancionado a esos países por hacer lo adecuado en el entorno económico actual. Las multas serían una señal política completamente equivocada, pero también un error económico mayúsculo”, “La única razón por la que seguimos con esta charada es que la Comisión ha perdido credibilidad y no sabe cómo recuperarla. Y ha encontrado dos pobres diablos, España y Portugal, frente al poderío de Alemania y Francia, con quienes nunca se atrevería”.

Este último argumento, expresado por Wolfgang Münchau es el menos “económico” pero muy real ya que expresa claramente cómo se manejan las dos potencias más importantes de la Unión, y la fuerza que tenemos nosotros en ella, dos pobres diablos.

La otra cara de la moneda es los que están a favor de la sanción, que los hay. Pero ahí el argumento es básicamente el mismo, las reglas están para cumplirse y el que no las cumpla debe ser sancionado por ello. De no ser así, se fomenta el euroescepticismo en países como Alemania, Austria, Holanda o Finlandia.

Si no cumples se te sanciona si te llamas España o Portugal, si te llamas Francia o Alemania y no cumples, pues no pasa nada.
@Rutiguer_JED

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