Opinión

O comunistas o socialdemócratas

Enrique Arias Vega / A CONTRACORRIENTE

Hay tantos analistas de los procesos electorales como electores. Sobre todo, a toro pasado, porque es más fácil acertar.

Con todo, una de las preguntas más inquietantes sigue siendo: ¿por qué Unidos Podemos no ha cumplido sus extraordinarias expectativas de voto? Es más: ¿por qué ni siquiera ha conseguido la suma de papeletas que hace seis meses lograron por separado Izquierda Unida y Podemos?

A su manera, ríspida y bronca, lo acaba de explicar Juan Carlos Monedero, el dirigente podemita apartado de la primera línea de juego precisamente por sus formas radicales y sus turbios enjuagues: el mensaje electoral ha consistido, para él, en “un discurso hueco”; es decir, blandito, con mucha sonrisa y poco radicalismo doctrinario.

Efectivamente, Pablo Iglesias se ha pasado todos los días diciendo que él es socialdemócrata y que, para mayor inri, también lo fueron Marx y Engels. ¡Toma ya: los padres del comunismo en el mismo barco ideológico que Tony Blair y Gerhard Schroeder!

Para que, ante ello, no se largasen despavoridos sus votantes tradicionales, Alberto Garzón, socio de última hora de Podemos, se ha pasado toda la campaña insistiendo en que él y los suyos no son socialdemócratas, sino comunistas de toda la vida.

Ya ven qué antológica contradicción metafísica: ser al mismo tiempo comunista y anticomunista. ¿A cuál de las dos corrientes estaría votando el elector de Unidos Podemos al depositar su papeleta en las urnas?

Ante la eventualidad de meter la pata ayudando a sus contrarios, mucha gente que antes había votado por separado los miembros de la coalición ha preferido, al parecer, abstenerse o votar algo menos contradictorio.

Éste era el temor que albergaba Íñigo Errejón, renuente desde el principio a una coalición que él veía capaz de restar votos en vez de multiplicar resultados. Y es que ser a la vez comunista y socialdemócrata equivale a sentirse simultáneamente del Betis y del Sevilla: un imposible ontológico.

@EnriqueAriasVeg

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ELVIS, EL BLANCO QUE CANTÓ COMO UN NEGRO
Ayer por la noche, decenas de miles de personas pasearon, velas en mano, cerca de Memphis, por los jardines de Graceland, la excéntrica mansión que mandó construir «el Rey». Hoy se cumplen cuarenta años del día en que fue encontrado muerto en el baño de su habitación, en el final de una agonía marcada por la adicción a los fármacos. Las llamas de quienes participaban en la vigilia dedicada a Elvis –se esperaban unas cincuenta mil personas, en una procesión que se extendió hasta entrada la madrugada– emitían una luz diferente a las de los racistas de Charlottesville. Elvis fue un blanco que cantó como un negro en los años 50, que rompió barreras raciales en la música –cuando los éxitos de los negros no se colocaban en las mismas listas que los de los blancos– y que supuso un puente en la cultura popular hacia los logros de los movimientos a favor de los derechos civiles en los años 60.

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Ninguna universidad española entre las 200 primeras del ranking de Shangai
El ojo ha de descender hasta el puesto 239 para encontrar una universidad española en el Ránking de Shanghai, una de las clasificaciones mundiales más reconocidas en lo que a excelencia universitaria se refiere y cuyo total asciende a 500. Casi en la mitad de la tabla se asienta la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y le siguen otros 10 centros españoles, algunos muy cerca de la cola, como la Universidad del País Vasco (492) y la Universidad de Valencia (495). También se pierde fuelle desde un ángulo más general pues, si en 2015 fueron 13 las universidades españolas dentro de este ránking, en 2016 pasaron a ser 12 y, ahora, son 11, al salir de la lista la Universidad Rovira i Virgili.
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Hoy España crece a más del 3%, se ha convertido en un socio fiable en Europa y la tasa de desempleo ha experimentado la mayor bajada de la serie histórica en junio y ha alcanzado los niveles de antes de la crisis. La «marca España» ha pasado de ser la de un país desolado por los efectos de la crisis a ser un país en alza

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