Opinión

Al mal tiempo, buena cara

Antonio Gil-Terrón

Si estamos contentos y lo exteriorizamos, haremos feliz a quien nos quiere, e infeliz a quien nos odia.

Por el contrario, si estamos tristes y lo exteriorizamos, haremos sufrir a quien nos quiere, y reír a quien nos detesta.

Resumiendo; aunque estemos con el corazón quebrado, deseando que la tierra se abra bajo nuestros pies, nunca hay que perder la sonrisa ni las maneras, salvo que queramos ver sonreír a las comadrejas. ¿Acaso es eso hipocresía? Pues si lo es, prefiero ser un hipócrita antes que hacer sufrir a aquellos que me aprecian.

Pero cuando ya no podáis más, y vuestra alma se desmadeje de desconsuelo y tristeza, como un muñeco de trapo abandonado en el cajón de los juguetes rotos, en ese momento recordad que para eso también sirven los cuartos de baño (wc), mudos testigos llantos y penas.

Por lo que a mí respecta prefiero la intimidad de una pequeña y humilde iglesia, para postrado ante el Sagrario, desahogarme y sentir el abrazo del amigo que nunca te deja.

Por lo demás, qué voy a contarle que Él no sepa. Cómo hablarle de sufrimientos y penas, a aquél que fue torturado y crucificado, sin más delito que el de haber cargado con culpas ajenas. Y es en ese momento cuando veo como se empequeñecen todos mis problemas, y ya no siento nada, más que una profunda vergüenza.

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ES NOTICIA

ATENTADO EN BARCELONA
Harry Athwal, el turista británico que no quiso dejar morir solo al niño Julian en el suelo de La Rambla

Harry Athwal es un turista británico de 44 años que durante las últimas horas se está convirtiendo en Reino Unido en el símbolo de valentía, humanidad y ayuda a las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils por su actitud con Julian Cadman, el niño australiano de siete años que los Mossos han confirmado que murió en el ataque terrorista en La Rambla. Este inglés de Birmingham se encontraba en el balcón del primer piso de un restaurante de La Rambla en el momento del atentado del pasado jueves. Desde allí vio el ataque y tras pedir a sus acompañantes que no se movieran de ahí, bajo a prestar ayuda. “Fue instintivo. Miré a ambos lados, había cuerpos esparcidos y a mi derecha estaba el niño, en medio de la calle. Corrí directamente a él”, declaró Athwal al periódico británico Mirror. “Estaba inconsciente, su pierna estaba doblada y le salía sangre de la cabeza. Sabía que era más que sangre”, afirma. “Le tomé el pulso y no tenía. Puse mi mano sobre su espalda y pensé que se había ido. Le acaricié el pelo y me llené de lágrimas, pero me quedé con él, me senté allí porque no iba a dejar a este niño en medio de la calle”, asegura. Aunque la policía le reiteró varias veces que debía moverse ya que los terroristas podrían regresar, Athwal se negó a dejar a Julian. “Se parecía a mi propio hijo. Era de su misma edad, unos siete u ocho años”, asegura. “Nunca vi su rostro pero me consuela saber que tenía alguien con él”, recuerda Athwal, que tuvo que llamar repetidamente a los servicios de emergencia para que atendiesen al chico. “Había tanto pánico, la gente gritaba y había muchos cuerpos para atender”, indica. Posteriormente se reunió con su hermana y el resto de sus acompañantes en una farmacia donde esperaron hasta la medianoche cuando la policía llegó y les hizo marchar. Harry Athwal, que regresó a La Rambla para unirse al minuto de silencio, aseguró que se quedarían hasta el lunes tal como habían planeado. “Se lo debemos a Barcelona”, añadió.
(El Mundo)

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