Opinión

Bifutbolismo

Susana Gisbert

La verdad es que he dudado a la hora de dar título a este artículo. Iba a llamarle bideportismo, porque de eso es de lo que trato de hablar. De deportes. De los que cuentan y de los que no cuentan tanto, de los que se ven y de los que parecen invisibles. Lo de siempre. O no.

Ya he hablado en este espacio de hérores como Mireia Belmonte, Carolina Marín, las guerreras de waterpolo o del balonmano, las chicas de gimnasia rítmica o sincronizada o el estratosférico Javier Fernández. También de quienes todavía se ven menos, como una pequeña heroína de padle surf u otra que era insultada solo por ser niña y arbitrar . Y mil ejemplos más, de los que ni siquiera sabemos porque nadie habla de ellos.

Y es que en ese espacio llamado “deportes” apenas se habla de otra cosa que no sea la vida y milagros de algunos futbolistas estrella y quienes les rodean. Más de media hora diaria para saber si se han hecho un piercing o han ido a una boda, o si están tristes o alegres, el menú que han comido tal o cual día o si hacen la voltereta al marcar un gol. Y, con un poco de suerte, si alguien ha ganado una tercera medalla en cualquier otro deporte, le dan un minuto por medalla, y ya se puede dar con un canto en los dientes. Con alguna excepción, como las motos, los coches, el baloncesto o el tenis, todos ellos en su versión masculina salvo, quizás, con la excepción del deporte de la raqueta.

De lo demás, nada de nada, salvo que el logro sea gigante. Imaginemos por un momento que dedicaran a la selección de fútbol tantos minutos como medallas han ganado en el último año. Adiós espacio de deportes. Sin embargo, otros y sobre todo otras, ni trayendo colgadas al cuello varias logran un minuto de atención.

Pero aún hay más. Y ahí es donde iba, tras la sabia sugerencia de un amigo al que le gusta tirarme de la lengua –o más bien del teclado- y sabe que para esto soy facilona. Los demás deportes necesitan disputar – y ganar- campeonatos o medallas para salir. Nada se dice de la práctica diaria, de los clubes que durante todo el año se esfuerzan, de las competiciones entre ellos. Sin embargo, en fútbol se siguen al milímetro todas las incidencias que ocurren a lo largo del año, incluso en vacaciones, aunque no hay título internacional en liza. La liga, por supuesto. Pero hay otra ligas.

Pero todavía quería llegar más lejos. Vivimos desde hace décadas un estado permanente de bifutbolismo. Hay dos equipos a los que se les presta toda la atención del mundo, de dos de las cincuenta provincias de España, hagan lo que hagan. Los demás tienen que demostrar mucho para sumarse a la fiesta. Y eso si les dejan. Y claro, eso acaba haciendo que la gente de cualquier otro sitio de España acabe siendo seguidor de equipos que distan geográficamente del suyo. Y, como una cosa lleva a la otra, como tienen más seguidores salen más, y como salen más tienen más seguidores.

Pues ya está bien. Parece que en las últimas elecciones hemos acabado con el bipartidismo reinante. Así que hora es ya de que acabemos con el bifutbolismo. Y, tal vez a partir de ahí, avancemos en eso de la lucha contra el unideportismo. ¿Por qué no?

@gisb_sus

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1 Comentario

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  • Estoy de acuerdo con esta señora. Lo que no dice porque se nota que no es aficionada, es la verguenza que encima está haciendo Rivero en la televisión pública ,DURANTE TODA LA TEMPORADA, tv que pagamos todos los españoles, dedicando un progarma de dos horas al Madrid, con tipos que se dicen periodistas y no son mas que forofos del equipo de Sauca y compañía. ES UNA VERGUENZA!

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ATENTADO EN BARCELONA
Harry Athwal, el turista británico que no quiso dejar morir solo al niño Julian en el suelo de La Rambla

Harry Athwal es un turista británico de 44 años que durante las últimas horas se está convirtiendo en Reino Unido en el símbolo de valentía, humanidad y ayuda a las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils por su actitud con Julian Cadman, el niño australiano de siete años que los Mossos han confirmado que murió en el ataque terrorista en La Rambla. Este inglés de Birmingham se encontraba en el balcón del primer piso de un restaurante de La Rambla en el momento del atentado del pasado jueves. Desde allí vio el ataque y tras pedir a sus acompañantes que no se movieran de ahí, bajo a prestar ayuda. “Fue instintivo. Miré a ambos lados, había cuerpos esparcidos y a mi derecha estaba el niño, en medio de la calle. Corrí directamente a él”, declaró Athwal al periódico británico Mirror. “Estaba inconsciente, su pierna estaba doblada y le salía sangre de la cabeza. Sabía que era más que sangre”, afirma. “Le tomé el pulso y no tenía. Puse mi mano sobre su espalda y pensé que se había ido. Le acaricié el pelo y me llené de lágrimas, pero me quedé con él, me senté allí porque no iba a dejar a este niño en medio de la calle”, asegura. Aunque la policía le reiteró varias veces que debía moverse ya que los terroristas podrían regresar, Athwal se negó a dejar a Julian. “Se parecía a mi propio hijo. Era de su misma edad, unos siete u ocho años”, asegura. “Nunca vi su rostro pero me consuela saber que tenía alguien con él”, recuerda Athwal, que tuvo que llamar repetidamente a los servicios de emergencia para que atendiesen al chico. “Había tanto pánico, la gente gritaba y había muchos cuerpos para atender”, indica. Posteriormente se reunió con su hermana y el resto de sus acompañantes en una farmacia donde esperaron hasta la medianoche cuando la policía llegó y les hizo marchar. Harry Athwal, que regresó a La Rambla para unirse al minuto de silencio, aseguró que se quedarían hasta el lunes tal como habían planeado. “Se lo debemos a Barcelona”, añadió.
(El Mundo)

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