Opinión

Poliédrico Otegui

Jose Segura / LO QUE HAY

En ocasiones, me resisto a escribir en caliente y esta es una de ellas. A mí no me resulta difícil hablar de ETA, porque creo que sus matanzas y todo lo que las rodea, deben ser examinadas cada vez con más distancia, rigor y amplitud de miras. Pero comprendo el dolor que causa el recuerdo de la banda terrorista a tantas personas, víctimas o no, y he preferido esperar unos días con el fin de medir mejor mis palabras. Porque en medio de esta cruenta e inacabada historia, me voy a referir a la entrevista de Otegui en Salvados.

Reconozco mi interés por la entrevista que el pasado domingo realizó a Arnaldo Otegui ya que, en mi utópico deseo de paz, esperaba un salto significativo del ahora excarcelado a la democracia en el País Vasco.

Pero no. Nada tuvo que ver el ambiguo discurso de Otegui con aquella ocasión en la que parte de ETA, los poli-milis, aceptó la transición democrática en España como vehículo de expresión de sus objetivos políticos, abandonó las armas y se integró absolutamente en la sociedad, con el aplauso y la bienvenida de millones de españoles.

Resultó D. Arnaldo de lo más poliédrico, mostrando simultáneamente sus distintas caras y sus propias incongruencias. A la vez, pacificador y amenazante. De igual manera, valiente y cobarde. Coincidentemente, progresista y maliciosamente tradicionalista. Pero sobre todo anticuado, muy anticuado.

Tras escucharle atentamente, se me desmoronaron todas las esperanzas en este hombre, para muchos llamado a liderar la izquierda abertzale, porque todavía se mantiene en la zona oscura, en un peligroso sí pero no, que genera una enorme desconfianza que le descalifica para participar en la vida pública del común de su pueblo.

El mismo Jordi Évole, periodista valiente y abierto a todo tipo de circunstancias, se mostró en muchos momentos de la entrevista tan perplejo como yo. Y es que no esperábamos tanto vaivén ni semejante insinceridad en Arnaldo Otegui. Hasta el escenario resultaba tétrico, reforzando aún más el lamentable perfil del personaje.

Twitter: @jsegurasuarez

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2 Comentarios

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  • usted, otegui y evole son una mentira que se aprovechan del drama que estamos viviendo con la crisis para tener su momento de gloria. otegui asesino!!!!!!!

  • Decir que se tiene esperanzas para la paz cuando se habla de una alimaña sanguinaria y sacarlo en una televisión para miseria profesional de un informadurucho de mierda (porque solo le interesa eso) como es Evole, y decir que este asesino se ha integrado en la sociedad es ser simplemente un inmoral. Vaya tiparracos que escriben aquí.

ES NOTICIA

ATENTADO EN BARCELONA
Harry Athwal, el turista británico que no quiso dejar morir solo al niño Julian en el suelo de La Rambla

Harry Athwal es un turista británico de 44 años que durante las últimas horas se está convirtiendo en Reino Unido en el símbolo de valentía, humanidad y ayuda a las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils por su actitud con Julian Cadman, el niño australiano de siete años que los Mossos han confirmado que murió en el ataque terrorista en La Rambla. Este inglés de Birmingham se encontraba en el balcón del primer piso de un restaurante de La Rambla en el momento del atentado del pasado jueves. Desde allí vio el ataque y tras pedir a sus acompañantes que no se movieran de ahí, bajo a prestar ayuda. “Fue instintivo. Miré a ambos lados, había cuerpos esparcidos y a mi derecha estaba el niño, en medio de la calle. Corrí directamente a él”, declaró Athwal al periódico británico Mirror. “Estaba inconsciente, su pierna estaba doblada y le salía sangre de la cabeza. Sabía que era más que sangre”, afirma. “Le tomé el pulso y no tenía. Puse mi mano sobre su espalda y pensé que se había ido. Le acaricié el pelo y me llené de lágrimas, pero me quedé con él, me senté allí porque no iba a dejar a este niño en medio de la calle”, asegura. Aunque la policía le reiteró varias veces que debía moverse ya que los terroristas podrían regresar, Athwal se negó a dejar a Julian. “Se parecía a mi propio hijo. Era de su misma edad, unos siete u ocho años”, asegura. “Nunca vi su rostro pero me consuela saber que tenía alguien con él”, recuerda Athwal, que tuvo que llamar repetidamente a los servicios de emergencia para que atendiesen al chico. “Había tanto pánico, la gente gritaba y había muchos cuerpos para atender”, indica. Posteriormente se reunió con su hermana y el resto de sus acompañantes en una farmacia donde esperaron hasta la medianoche cuando la policía llegó y les hizo marchar. Harry Athwal, que regresó a La Rambla para unirse al minuto de silencio, aseguró que se quedarían hasta el lunes tal como habían planeado. “Se lo debemos a Barcelona”, añadió.
(El Mundo)

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