Cultura

‘Julieta’, empapelada en Panamá

Manuel L. Hermoso / CON PALOMITAS Y A LO LOCO

Emma Suárez y Adriana Ugarte protagonizan el útlimo film del director manchego

 

Pedro Almodóvar se jugaba mucho con su última película que se estrena casi clandestinamente esta semana. Icono progresista y de la “modernidad” para muchos y azote del PP, odiado por un sector conservador del país por sus posicionamientos políticos muy claros, la publicación de los ya famosos papeles de Panamá ha sido como un torpedo en la línea de flotación en la promoción de la última cinta dirigida por el manchego.

Tres Oscars consecutivos con “Todo sobre mi madre” y “Hable con ella”, la carrera del director de “Átame” ha sido irregular en la taquilla y descendente en calidad cinematográfica (sólo “Volver” -reencuentro con Carmen Maura- y “La piel que habito” -reencuentro con Antonio Banderas-, se acercan a la altura de sus mejores cintas de los 80 e inicios de los 90)

“Julieta”, de nuevo un drama excesivo tras el fiasco de su fallida comedia “Los amantes pasajeros”, debia ser su regreso al éxito crítico y de público. Para ello el director se ha rodeado de una de las mejores actrices españolas de los últimos 25 años (Emma Suárez) y un sólido valor de futuro (Adriana Ugarte), que interpretan a la sufrida protagonista en dos etapas de su vida. La revelación de su sociedad secreta en un paraíso fiscal coincidiendo con el inicio de la promoción de la cinta, no ha podido ser más incómoda para un público que dificilmente disociará la mayor o menor calidad del film con la conducta (pasada, ya que la sociedad operó entre 1991 y 1994) del director de “Los abrazos rotos”

¿Y es buena la película? Es un film más seco y sobrio de lo que es habitual en Almodóvar. La critica ha quedado dividida entre los que no le ha gustado y la ven como un título menor y los que la catalogan como película intermedia por debajo de las mejores del manchego y por encima de sus últimas películas.

Es una película que gustará a los que admiren los dramas desaforados y trágicos tan característicos del director, pero posiblemente no llegue tanto al público en general. A unos y a otros podría darles igual las informaciones sobre la sociedad de los hermanos Almodóvar en un paraíso fiscal, aunque seguramente a un público de izquierdas muy fan tradicionalmente del cine del director, le habrá decepcionado el cineasta y a sus detractores ideológicos, le habrá entusiasmado ver en entredicho al director. Será sin duda interesante ver cómo el comportamiento moral de su creador condiciona la carrera comercial de su obra….

@ialwilder

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Harry Athwal es un turista británico de 44 años que durante las últimas horas se está convirtiendo en Reino Unido en el símbolo de valentía, humanidad y ayuda a las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils por su actitud con Julian Cadman, el niño australiano de siete años que los Mossos han confirmado que murió en el ataque terrorista en La Rambla. Este inglés de Birmingham se encontraba en el balcón del primer piso de un restaurante de La Rambla en el momento del atentado del pasado jueves. Desde allí vio el ataque y tras pedir a sus acompañantes que no se movieran de ahí, bajo a prestar ayuda. “Fue instintivo. Miré a ambos lados, había cuerpos esparcidos y a mi derecha estaba el niño, en medio de la calle. Corrí directamente a él”, declaró Athwal al periódico británico Mirror. “Estaba inconsciente, su pierna estaba doblada y le salía sangre de la cabeza. Sabía que era más que sangre”, afirma. “Le tomé el pulso y no tenía. Puse mi mano sobre su espalda y pensé que se había ido. Le acaricié el pelo y me llené de lágrimas, pero me quedé con él, me senté allí porque no iba a dejar a este niño en medio de la calle”, asegura. Aunque la policía le reiteró varias veces que debía moverse ya que los terroristas podrían regresar, Athwal se negó a dejar a Julian. “Se parecía a mi propio hijo. Era de su misma edad, unos siete u ocho años”, asegura. “Nunca vi su rostro pero me consuela saber que tenía alguien con él”, recuerda Athwal, que tuvo que llamar repetidamente a los servicios de emergencia para que atendiesen al chico. “Había tanto pánico, la gente gritaba y había muchos cuerpos para atender”, indica. Posteriormente se reunió con su hermana y el resto de sus acompañantes en una farmacia donde esperaron hasta la medianoche cuando la policía llegó y les hizo marchar. Harry Athwal, que regresó a La Rambla para unirse al minuto de silencio, aseguró que se quedarían hasta el lunes tal como habían planeado. “Se lo debemos a Barcelona”, añadió.
(El Mundo)

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