Cultura

‘El regalo’, un thriller inquietante

Manuel L. Hermoso / CON PALOMITAS Y A LO LOCO

Con debut del actor Joe Edgerton en la dirección, este thriller de ritmo pausado y giros argumentales insospechados, cumple perfectamente en su primera mitad (quizá demasiado lenta y contemplativa) el guión ya visto muchas veces de película de pareja acosada por un psicópata cuya relación se pone por ello a prueba.

Un matrimonio sin hijos se traslada de ciudad, coincidiendo casualmente en una tienda de decoración con un antiguo compañero (Edgerton) de instituto del marido (Bateman),  intentando a partir de ese encuentro fortuito el antiguo compañero convertirse en amigo de la pareja, siendo visto por el marido como un pesado al que éste quiere alejar de su vida por su carácter extraño y por algo que sucedió en el pasado entre ambos y que la esposa (Hall) se empeña en descubrir, a pesar de las reticencias del marido..

Ya desde el primer momento, el personaje de Bateman le cae mal al espectador (sobre todo a raíz de la escena en casa de Edgerton), por su imagen de pijo triunfador y su carácter reservado con su pasado, machista con su mujer y muy competitivo en el trabajo. Por el contario el personaje de Hall (una excelente actriz cuyo talento merece seguramente mejor suerte en su prometedora carrera y que es lo mejor de la cinta), se nos presenta como mujer marcada por la pérdida del bebé que esperaba, de buen corazón y asfixiada en una casa en la que se siente sola y aburrida y que no está de acuerdo con el trato de su marido a Gordon (Edgerton)

Tras su arranque algo soso y lento, la cinta va cogiendo vuelo tras unos cuantos sustos muy efecticistas y gratuitos, a partir de que Hall se empieza a hacer preguntas y va descubriendo verdades del pasado, incómodas y cada vez más sorprendentes y su última media hora es de vértigo y compensa los vaivenes iniciales de ritmo de la película.

Es en esta traca final cuando el director arriesga más y la película es menos tópica, logrando un final inteligentemente abierto, dejando al espectador que piense lo que quiera tras la inquietante conversación de Gordon y Simón (Bateman). Junto al gran trabajo de Hall, mención a parte merece la excelente fotografía luminosa en muchos momentos y tenebrosa en otras del español Eduard Grau, que da un tono visual superior al de un mero telefilm de intriga al uso.

Un thriller en definitiva rutinario en su primera mitad, interesante y más sorprendente en su parte central y con un impactante final en el que las miradas de Hall y Bateman dejan abiertas las interpretaciones al espectador.

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