Opinión

La escapada

Jose Segura / LO QUE HAY

Cojo prestado el título de la magnífica película de Dino Risi para describir el ansia con que las clases medias españolas se han lanzado a gastar durante estas pasadas vacaciones, cual necesario aquelarre tras tantos años de contención económica y miramiento por un no vaya a ser qué.

Las cuotas de ocupación hotelera que han sido noticia en los medios de comunicación, han significado mucho más que un ejercicio propagandístico de animación social. Esta vez ha sido cierto. Todo en España ha estado “petao”.

En la zona playera que me acoge desde hace veintitantos años, ha sido prácticamente imposible comer en cualquier restaurante sin haber solicitado reserva con anterioridad. Y lo más importante, las caras de cansancio de sus propietarios dejaban ver también una mueca de profunda alegría, cuando reconocían que no veían una aglomeración así desde hace bastantes años. Por fin han hecho caja a mansalva.

En medio de estas buenas noticias económicas –que en Valencia han llegado al sumun con una Semana Santa pegadita a las Fallas-, España sigue sin gobierno y con los políticos de vacaciones, lo que a nuestros turistas de interior les parece haber importado una higa.

Durante esta catarsis colectiva a través del gasto, han ocurrido también desgracias como los atentados terroristas de Bruselas y en muchos otros lugares de medio oriente que no debemos olvidar. También un desafortunado accidente de carretera segó las vidas de las chicas Erasmus, cuando volvían de fiesta y se dirigían a su universidad en Barcelona. Igualmente, el abandono de los refugiados ha seguido como estaba. O peor, que cuando más tiempo pasa más se manifiestan sus pésimas condiciones de vida.

Como la pobreza en España, que durante estos días se ha mantenido exactamente en la misma miseria, incluso con situaciones tan inesperadas como que el ejemplarizante gobierno a la valenciana no haya abierto los comedores escolares, dejando a miles de niños sin los nutrientes básicos necesarios para una correcta subsistencia.

Pero bueno, nada que reprochar a esas clases medias que se han echado a la carretera, como si no hubiera un mañana, y se han puesto hasta las cejas de paella, pescaítos, asados, torrijas y otros platos vacacionales típicos. Hasta el buen tiempo ha acompañado con un gratificante sol y unas magníficas temperaturas.

Millones de personas han simbolizado estos días el final de su crisis echando el resto. Y eso ha sido bueno para una gran parte del país. Aunque para el resto, habrá que seguir esperando.

Twitter: @jsegurasuarez

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ATENTADO EN BARCELONA
Harry Athwal, el turista británico que no quiso dejar morir solo al niño Julian en el suelo de La Rambla

Harry Athwal es un turista británico de 44 años que durante las últimas horas se está convirtiendo en Reino Unido en el símbolo de valentía, humanidad y ayuda a las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils por su actitud con Julian Cadman, el niño australiano de siete años que los Mossos han confirmado que murió en el ataque terrorista en La Rambla. Este inglés de Birmingham se encontraba en el balcón del primer piso de un restaurante de La Rambla en el momento del atentado del pasado jueves. Desde allí vio el ataque y tras pedir a sus acompañantes que no se movieran de ahí, bajo a prestar ayuda. “Fue instintivo. Miré a ambos lados, había cuerpos esparcidos y a mi derecha estaba el niño, en medio de la calle. Corrí directamente a él”, declaró Athwal al periódico británico Mirror. “Estaba inconsciente, su pierna estaba doblada y le salía sangre de la cabeza. Sabía que era más que sangre”, afirma. “Le tomé el pulso y no tenía. Puse mi mano sobre su espalda y pensé que se había ido. Le acaricié el pelo y me llené de lágrimas, pero me quedé con él, me senté allí porque no iba a dejar a este niño en medio de la calle”, asegura. Aunque la policía le reiteró varias veces que debía moverse ya que los terroristas podrían regresar, Athwal se negó a dejar a Julian. “Se parecía a mi propio hijo. Era de su misma edad, unos siete u ocho años”, asegura. “Nunca vi su rostro pero me consuela saber que tenía alguien con él”, recuerda Athwal, que tuvo que llamar repetidamente a los servicios de emergencia para que atendiesen al chico. “Había tanto pánico, la gente gritaba y había muchos cuerpos para atender”, indica. Posteriormente se reunió con su hermana y el resto de sus acompañantes en una farmacia donde esperaron hasta la medianoche cuando la policía llegó y les hizo marchar. Harry Athwal, que regresó a La Rambla para unirse al minuto de silencio, aseguró que se quedarían hasta el lunes tal como habían planeado. “Se lo debemos a Barcelona”, añadió.
(El Mundo)

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