Entretenimiento

De Santiago Apóstol, Ibiza, campanas y cabro…adas

Las antiguas campanas de la catedral de Santiago.

Pedro Hermosilla / Historias para un ratico

Ya hace algunos meses que se han acabado las navidades pero el tema hoy va de campanas. ¿De qué campanas? Pues las de Santiago de Compostela, que está muy lejos pero creo que la historia es curiosa y merece la pena.

¿Por qué Santiago?, ¿y por qué Compostela?

Santiago, porque según cuenta la leyenda, allí un eremita llamado Pelayo vió unas luces en un descampado que de la tierra fluían hacia los cielos y como en esos días no existían las discotecas tipo Ibiza, pues el  hombre se mosqueó y se chivó a Teodomiro, que era obispo de Iria Flavia (la de Camilo José Cela. Una gachas don Camilo, venga!).

Éste dijo.- ¡Tate! Fijo que aquí  está enterrado Santiago el Mayor, decapitado en tiempos de Herodes (Agripa) y que fue llevado por sus discípulos hasta aquí en una barca de ¡¡¡¡¡piedra!!!!- y se quedó tan pancho el tío. De ahí lo de Santiago (Ya’akov en hebreo traducido al castellano como Santiago, Jacob, Jaime; Jacobo, Yago y Diego, casi ná).

Lo de Compostela viene de  la misma leyenda: parece ser que al ser que desde el mismico sepulcro salieron miles de estrellas que son las que hoy componen la Vía Láctea y el lugar se convirtió por momentos en un “Campo de estrellas” o sea  Compostela. Lo que convierte al bueno de Santiago en casi un miembro más de los X-men con superpoderes y todo.

El caso es que los cristianos tragaron, ya que  estaban necesitados de referentes, leyendas, mitos que les subieran un poco la moral porque los moros les iban ganando por goleada en la liga de “a ver quién se queda con España que mola mazo”, hoy en día liga “Pa habernos matao”.

Uno del equipo de los moros, Almanzor, con muy mala sombra y muy buen ejército, se dedicaba de vez en cuando en hacer incursiones a territorio cristiano con el noble fin de arrasar lo que se le ponía por medio y hacerse con provisiones de cosechas ya recogidas y de esclavas cristianas bien buenas para los harenes de los mojamés. A conducta tan ejemplar, que deja tan a las claras las buenísimas relaciones de ambas culturas en aquella época, que nos venden en la actualidad los buenistas de la Historia, los Espinetes de la wikipedia, los Teletubbies de la “Alianza de Civilizaciones”, le llaman las  “razias”…; en descargo de Almanzor hay que apuntar que los cristianos también las hacían cuando los que estaban  ganando el partido eran ellos.

En una de estas razias, Almanzor se coló de frenada y traspuso  arriba, tan arriba que llegó a ese Santiago de Compostela que ya había construido un templete y una población bastante maja  alrededor del sepulcro del  Apóstol (año 997). Entró como un elefante en una cacharrería y lo dejó todo manga por hombro.  Entró en el templo y …y aquí viene otra vez la leyenda…

Bueno en realidad dos: la primera de ellas cuenta que Almanzor se encontró a un ancianito frailuno (algunos hasta le ponen nombre: Pedro de Mezonzo), que estaba arrodillado ante la tumba y que eso lo conmovió tanto que los respetó a los dos, saliendo despacico despacico del templo, sin hacer ruido e incluso dio de beber a su caballo agua bendita (¿Os lo creéis?  Yo tampoco); la número dos dice que Almanzor entró en el templo a lo bestia y Dios se pilló un cabreo de esos de padre y muy señor mío (Y Dios cuando se cabrea la lía parda) y cegó a todos los soldados que hacían el orangután por el templo. El moro se acoj..acongojó y salió lo mismo de despacico… despacico.(¿Os lo creéis?  Yo tampoco). Cada cuál que se quede con la que más le cuadre, a mí no me cuadra ninguna.

Pero, pero , pero …para dejar la impronta de que eran malos malotes, se llevaron las campanas del templo y las puertas, y  se las bajaron a Córdoba a hombros de unos cuantos esclavos cristianos que habían ido picoteando por el camino. Las campanas acabaron como lámparas en la Mezquita. Fin del primer tiempo y primera cabro…ada.

El partido tardó en reanudarse la friolera de 229 añazos. Ahora dominaba el juego el bando cristiano con Fernando III, (san Fernando) a la cabeza. El santo castellano había estado conquistando plaza a plaza, tacita a tacita, territorio moro, hasta que se hartó de cafeína. Cuando llegó a Córdoba  el día 29 de julio, justico cuando acaban las fiestas de San Juan, San Pedro, San Pablo y olé; restauró la ofensa,  hizo un “ rebota-rebota que en tu culo explota” en toda regla, dado que a pesar de ser santo tenía la misma mala sombra que Almanzor;  devolvió las campanas a su sitio original, esta vez lomos de prisioneros musulmanes. Fin del partido, segunda cabro…ada. Empate.

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