Opinión

Si se destruyese Europa…

Enrique Arias Vega / A CONTRACORRIENTE

No son sólo ellos, los terroristas, los que quieren destruir la Europa actual con sus instituciones comunitarias. Ellos, los terroristas, pretenden hacerlo de manera violenta, sangrienta, brutal. Pero también desde dentro crece el número de quienes no se sienten partícipes de esta Europa.

¿Tan mal les va a unos y a otros en el que resulta ser el continente democrático por excelencia?

Los terroristas lo odian precisamente por eso: por las libertades de que disfrutan sus ciudadanos, por su bienestar económico y por la paz de la que gozan, en contraste con los valores de sumisión, fanatismo y exclusión que ellos pregonan.

Pero esta Europa de concordia, tolerancia y libertad apenas tiene 70 años de existencia. Menos, aun, si tomamos el Tratado de Roma de 1957 como punto de partida. Hasta entonces, Europa había sido el continente con más guerras, más epidemias devastadoras y más millones de muertos dejados en los campos de batalla y en la retaguardia de las contiendas bélicas.

¿Es aquella alternativa terrible la que muchos echan de menos?

Si no lo es, por supuesto, a veces lo parece. Día a día aumenta el número de desafectos a la Europa comunitaria actual, con movimientos centrífugos, como el Brexit, del Reino Unido, o pujantes partidos de extrema derecha en Francia, Holanda, Alemania…

A todos ellos les incomoda esta Europa cuya permisividad, según ellos, propicia la invasión de foráneos que llegan para destruir sus valores tradicionales.

En el extremo opuesto, crece también el número de ciudadanos que protestan por los presuntos recortes institucionales a sus libertades y por el egoísmo de una Unión que cierra fronteras a inmigrantes que vienen en busca de refugio y de legítimo bienestar.

En medio de estas dos visiones contradictorias del mismo fenómeno, la enorme burocracia comunitaria sólo parece sestear mientras adopta intrascendentes regulaciones sobre el tamaño de los tetrabriks o sobre el cultivo de la avena y se muestra incapaz, en cambio, de avanzar hacia una mayor integración europea.

Entre todos, entre los de fuera y los de dentro, entre los de derechas y los de izquierdas, corremos el riesgo de dinamitar el proyecto común que soñaron en su día los supervivientes de la última gran guerra europea. Si esto llegase a suceder, unos y otros, es decir, todos, acabaríamos por echar de menos una malograda Unión Europea que es lo mejor que nos ha sucedido en toda nuestra Historia.

@Enrique AriasVeg

print

Añadir comentario

Pincha aquí para escribir un comentario

ES NOTICIA

ATENTADO EN BARCELONA
Harry Athwal, el turista británico que no quiso dejar morir solo al niño Julian en el suelo de La Rambla

Harry Athwal es un turista británico de 44 años que durante las últimas horas se está convirtiendo en Reino Unido en el símbolo de valentía, humanidad y ayuda a las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils por su actitud con Julian Cadman, el niño australiano de siete años que los Mossos han confirmado que murió en el ataque terrorista en La Rambla. Este inglés de Birmingham se encontraba en el balcón del primer piso de un restaurante de La Rambla en el momento del atentado del pasado jueves. Desde allí vio el ataque y tras pedir a sus acompañantes que no se movieran de ahí, bajo a prestar ayuda. “Fue instintivo. Miré a ambos lados, había cuerpos esparcidos y a mi derecha estaba el niño, en medio de la calle. Corrí directamente a él”, declaró Athwal al periódico británico Mirror. “Estaba inconsciente, su pierna estaba doblada y le salía sangre de la cabeza. Sabía que era más que sangre”, afirma. “Le tomé el pulso y no tenía. Puse mi mano sobre su espalda y pensé que se había ido. Le acaricié el pelo y me llené de lágrimas, pero me quedé con él, me senté allí porque no iba a dejar a este niño en medio de la calle”, asegura. Aunque la policía le reiteró varias veces que debía moverse ya que los terroristas podrían regresar, Athwal se negó a dejar a Julian. “Se parecía a mi propio hijo. Era de su misma edad, unos siete u ocho años”, asegura. “Nunca vi su rostro pero me consuela saber que tenía alguien con él”, recuerda Athwal, que tuvo que llamar repetidamente a los servicios de emergencia para que atendiesen al chico. “Había tanto pánico, la gente gritaba y había muchos cuerpos para atender”, indica. Posteriormente se reunió con su hermana y el resto de sus acompañantes en una farmacia donde esperaron hasta la medianoche cuando la policía llegó y les hizo marchar. Harry Athwal, que regresó a La Rambla para unirse al minuto de silencio, aseguró que se quedarían hasta el lunes tal como habían planeado. “Se lo debemos a Barcelona”, añadió.
(El Mundo)

InformaValencia, en Facebook

InformaValencia, en Facebook

LISTADO MENSUAL DE ENTRADAS

Últimos Tweets