Opinión

Samba De Uma Nota Só

José Segura Suárez

Jose Segura / FILOSOFÍA IMPURA
Corrían los años 60 del pasado siglo y Brasil refulgía mundialmente con su innovadora bossa nova, su fútbol de otro mundo, sus carnavales y sus garotas. La nueva capital, Brasilia, asombraba al mundo con su arquitectura futurista. Aunque las dictaduras y las favelas se intentaban ocultar tras tanta maravilla capaz de superar hasta la fama de su café.

Así, a trancas y barrancas, Brasil fue aguantando riquezas y miserias hasta que llegó un hombre de izquierdas, sindicalista y luchador, que colaboró febrilmente en la caída de la dictadura para finalmente ganar las elecciones presidenciales y convertirse en el jefe del estado: Luiz Inácio Lula da Silva.

Con enormes dosis de creatividad y esfuerzo, Lula consiguió darle la vuelta a un Brasil terriblemente desigual y con una economía destrozada, para convertir a su país en una de las referencias mundiales de lo que se llamaron estados emergentes. Situó a Brasil entre las potenciales mundiales y promovió su transformación social y económica a una velocidad sin parangón.

También consiguió Lula la llegada de grandes eventos a su país, como el último campeonato mundial de fútbol celebrado hasta ahora y las Olimpiadas, que tendrán lugar este próximo verano.

Pero poco a poco, sobre todo a partir de la llegada al poder de su heredera política Dilma Rousseff, fuimos conociendo que los éxitos de Lula escondían también buenas dosis de corrupción y protesta social, como tuvimos ocasión de conocer con los durísimos conflictos habidos durante el mundial de fútbol, un brutal escaparate mundial de las miserias que el gobierno escondía bajo las alfombras de sus despachos.

Hoy, Lula se apunta a los modos de la “Samba De Uma Nota Só”, ejerciendo el mismo truco que tan bien conocemos aquí cuando los corruptos se blindan para huir de la justicia: el aforamiento. Y para conseguirlo no se ha andado con las tonterías de los corruptos aforados españoles, no. Ha sido protegido por la también investigada Rousseff, nada menos que con un cargo de máxima alcurnia, equivalente al de primer ministro del país. Lula, el ejemplo para muchos, el redentor de los pobres, siempre ha hecho las cosas a lo grande.

El mítico Lula, el excelso líder del Partido de los Trabajadores, se ríe ahora de sus compatriotas y del juzgado que le persigue, mirando al mar desde su lujoso apartamento de tres plantas y contando sus millones presuntamente robados a través de los enjuagues realizados con la empresa petrolífera público-privada Petrobras. Probablemente caerá algún día ante la justicia y tendrá que pagar sus delitos. Pero por ahora, ha dejado a sus indignados compatriotas con un palmo de narices.

En filosofía, tan impura como el propio Lula, este hecho nos muestra que en muchas ocasiones, quienes hacen las leyes cierran las puertas de la justicia con el fin de que si han de ser investigados lo sean por tribunales especiales. Para ello han diseñado una justicia de cómplices, en la que quien tiene que juzgar ha compartido “mesa y cama” con quien tiene que ser juzgado y lo que salga de esa farsa, ya se puede imaginar. (Mi agradecimiento al anónimo autor del blog “Nuestras opiniones”, de donde he extraído las notas que me han inspirado el párrafo)

Poco más que añadir. El aforamiento de los corruptos es siempre igual: una lacra tan repetitiva y atractiva para el potencial delincuente político como aquella brillante samba de una sola nota.

Twitter @jsegurasuarez

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