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La Pascua y la meteorología de la próxima primavera

Adela Ferrer / Astróloga

La predicción a largo o a medio plazo, de la meteorología de la Semana Santa es de las más complicadas, puesto que esta festividad depende de la primera luna llena de la primavera y por eso se unen dos factores de mayor impredecibilidad (la del mismo plenilunio y la del inicio de una de las estaciones más inestables del año).

Este año además, el plenilunio pascual coincide con el eclipse de luna; los eclipses que se producen cerca del punto equinoccial provocan mareas extraordinarias “seculares”, y no es descabellado deducir que el tirón gravitatorio de la luna no sólo moverá las aguas de los océanos, sino también la atmósfera, colaborando a que aún se torne más inestable.

Esta coincidencia de eclipse lunar a la entrada de la primavera se produce cada 19 años y las estadísticas señalan, con una frecuencia nada despreciable, que la onda climática de toda la estación tiende a ser “muy parecida” en dichos años. La primavera de 1997 fue muy seca, pero entró (el 14 de abril de 1997) con un temporal de levante, lluvias generales, muy generosas pero fugaces.

Los antiguos decían que el eclipse de luna en el signo de Libra significa “vientos y grandes tormentas”.

En la figura astrológica del eclipse, la Luna es meridiana y el Ascendente, Cáncer es un signo de aguas: podemos aventurar que, a partir del día 23 de marzo, aumente la inestabilidad y las posibilidades de precipitación. Venus, en aspecto tenso con Saturno habria de dar nevadas en las montañas.

Mercurio en la conjunción superior con el sol indica mucho viento, mucha variabilidad en las masas de aire en altura.

Júpiter y Saturno, los dos gigantes del sistema solar y “cronocratores”, (literalmente “gobernadores del tiempo”) y cuyos ciclos de 20 en 20 años ya se estudiaban en Mesopotamia, forman en este plenilunio su cuadratura exacta, momento del inicio de “grandes accidentes” en el cielo y, para los sabios antiguos, del inicio de un importante cambio de racha climática, que será duradera.

Resumiendo, según las normas de la astrometeorología, los meteorólogos heterodoxos creemos que la luna llena de Pascua -cuyo influjo se prolongará durante todo el mes siguiete- no llevaría aparejado un anticiclón, ni en nuestra península habríamos de gozar de un tiempo tranquilo y sereno, sino muy inestable, con isobaras muy juntas, con precipitaciones que podrían ser de nieve y con riesgo de que se esté gestando un temporal de levante.

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