Entretenimiento

Valencia en tapas, visto y no visto

La cultura del tapeo es reverencial en el universo de la hostelería. Reinventar es la palabra que define la evolución de la tapa en Valencia

Tino Carranava

Ahora que la primavera ya se adentra en nuestro paladar, sin avisar, sin llamar a la puerta nuestra vida cotidiana comienza a girar en torno al tapeo. Reinventar es el más acertado infinito para dejar constancia de la evolución de las tapas en Valencia.

Saben sintonizar con lo que pide el momento. Prestigian preparaciones sencillas en entornos singulares. Gastronomía desenfadada. Recuperan el sentido del goce con un estilo libre. La cultura del tapeo es reverencial en el universo de la hostelería. No hay que ir a la moda, hay que estar siempre de moda.

Al hablar de un aperitivo apacible hay que mencionar ineludiblemente a su majestad la patata. Bendito descubrimiento. Gracias América. Bendecidas por la sencillez, las patatas bravas, pese a su austeridad, dan gozo a todo aquel que se atreve. Para encontrarse con la más alta expresión hay que acudir a Rausell (Angel Guimera, 61) y

Bar Ricardo (Dr. Zamenhoff, 16). Inconfundible a primera vista. La tortilla está presente en muchos de nuestros actos cotidianos. Es el plato psicoactivo más popular de nuestra cocina. Creación soberana. Bar Alhambra (Calixto III, 8).

Resulta difícil sustraerse al encanto de las «clotxines» ante lo asequible de su realce gastronómico. Entre los lugares patrimoniales que merecen la visita destacan: La Pilareta (Moro Zeit, 13). Puesto a punto el paladar. Homenaje a la despensa ancestral del mar en forma mariscos: Taberna Alkazar (Mossèn Femades, 11); Marisquería Civera ( Mossèn Femades, 10) y Aragón 58 (Avda. Aragón 58).

La anchoa tan demandada. Por hacer algo de historia. Dos versiones insustituibles en el acervo popular valenciano. Dos versiones antológicas.

Cuestión de familia. Casa Guillermo (Valencia, 34 Manises) y Casa Guillermo (Progreso 15). Buñuelos y croquetas de bacalao siguen mandando como una forma de salvaguardar la particularidad de la materia prima donde realzarlas con recetas que abrazan raíces locales.

Bodega Pascual (Conde Altea, 38), Maipi (Maestro Rodrigo, 1), La Sequieta Gastro (Avda. Cami Vell de Torrent, 28 Alaquàs).

La agenda del tapeo en Valencia no da respiro. Las tapas de suceden sin notar ningún altibajo. Ibéricos y salazones: Bocado (Paseo de la Alameda, 1), Jomi (Castell de Pop, 12); Homenaje (Ciscar, 22).

Clientes habituales en forma de filósofos del gusto se dan cita en busca de la mejor ensaladilla en diferentes lugares del universo valenciano. Central Bar (Plaza del Mercado, 6), La Principal (Polo y Peyrolón, 5), Sierra Aitana (Pascual y Genis, 18).

Promoción limitada. Donde se dan cita tradición y evolución. Pulpo a Feira y croquetas de marisco. La Barra de las Rías (Cirilo Amorós, 2).

La tabernas andaluzas constituyen un rasgo de la gastronomía popular. Sus tapas nos permiten descubrir una cocina variada que hacen del aburrimiento algo imposible. El Albero (Ciscar, 12).

Parece una locura pero el experimento funciona y de qué manera. Las predicciones se han cumplido con creces, tal vez por seguir el titular con el que comienza este artículo, la cultura del tapeo ha llegado para quedarse.

“Peccata minuta”

Cuenta la leyenda que la cultura del tapeo alcanza la meta que se propone. Quienes se despisten habrán comido sin percatarse a poco que sigan cualquier ruta. El paladar del corazón decide a menudo antes que el estómago a través del cerebro.

Las tapas son una forma de entender nuestro entorno. Fortalecen la personalidad de nuestra cocina, crean doctrina, incrementan la oferta gastronómica para todos los bolsillos. Somos lo que comemos.

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ATENTADO EN BARCELONA
Harry Athwal, el turista británico que no quiso dejar morir solo al niño Julian en el suelo de La Rambla

Harry Athwal es un turista británico de 44 años que durante las últimas horas se está convirtiendo en Reino Unido en el símbolo de valentía, humanidad y ayuda a las víctimas de los atentados en Barcelona y Cambrils por su actitud con Julian Cadman, el niño australiano de siete años que los Mossos han confirmado que murió en el ataque terrorista en La Rambla. Este inglés de Birmingham se encontraba en el balcón del primer piso de un restaurante de La Rambla en el momento del atentado del pasado jueves. Desde allí vio el ataque y tras pedir a sus acompañantes que no se movieran de ahí, bajo a prestar ayuda. “Fue instintivo. Miré a ambos lados, había cuerpos esparcidos y a mi derecha estaba el niño, en medio de la calle. Corrí directamente a él”, declaró Athwal al periódico británico Mirror. “Estaba inconsciente, su pierna estaba doblada y le salía sangre de la cabeza. Sabía que era más que sangre”, afirma. “Le tomé el pulso y no tenía. Puse mi mano sobre su espalda y pensé que se había ido. Le acaricié el pelo y me llené de lágrimas, pero me quedé con él, me senté allí porque no iba a dejar a este niño en medio de la calle”, asegura. Aunque la policía le reiteró varias veces que debía moverse ya que los terroristas podrían regresar, Athwal se negó a dejar a Julian. “Se parecía a mi propio hijo. Era de su misma edad, unos siete u ocho años”, asegura. “Nunca vi su rostro pero me consuela saber que tenía alguien con él”, recuerda Athwal, que tuvo que llamar repetidamente a los servicios de emergencia para que atendiesen al chico. “Había tanto pánico, la gente gritaba y había muchos cuerpos para atender”, indica. Posteriormente se reunió con su hermana y el resto de sus acompañantes en una farmacia donde esperaron hasta la medianoche cuando la policía llegó y les hizo marchar. Harry Athwal, que regresó a La Rambla para unirse al minuto de silencio, aseguró que se quedarían hasta el lunes tal como habían planeado. “Se lo debemos a Barcelona”, añadió.
(El Mundo)

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