Opinión

¿Y los refugiados?

Jose Segura / LO QUE HAY

El pasado sábado 27, en la mayoría de las capitales españoles se promovieron manifestaciones demandando a nuestro gobierno y a la Comisión Europea una solución urgente y solidaria para los cientos de miles de refugiados que se agolpan en las fronteras.

Unas manifestaciones que, lamentablemente, fueron más voluntariosas que significativas, dadas la escasa afluencia de ciudadanos en las diferentes ciudades. Del mismo modo que en los telediarios apenas se dio cobertura a tan necesarias y justas reivindicaciones.

Simultáneamente, el fútbol, los pactos políticos e incluso los Oscars, ocuparon como siempre minutos y minutos de pantalla, hasta una saciedad mediática que nos deshonra a todos ante el ninguneo de los refugiados. Pudo más el insulto de Cristiano a sus compañeros de equipo que la necesaria solidaridad con quien la está demandando a gritos.

Y eso me hace pensar si, al margen de la férrea voluntad de los auténticos activistas y voluntarios, el apoyo generalizado a los refugiados no es más que un postureo para quedar bien. Algo así como lo que en su día se llamó “Ecoestilo”, consistente en esgrimir la apariencia de ecologismo, siempre que las auténticas prácticas de respeto medioambiental no supusieran esfuerzos que amenazaran a nuestra molicie.

Aún recuerdo cuando un fabricante de textiles para el hogar se planteó producir sábanas ecológicas, sin ningún tipo de mezcla ni apresto que atentara contra el medioambiente. Pero había una pega, se tenían que planchar –con bastante esfuerzo- y eso suponía un freno muy importante para la venta. Se abandonó el proyecto, pero quedó para siempre una anécdota que aún cuento con frecuencia: somos ecologistas hasta la plancha. No más.

Esa es la misma sensación que percibo sobre el asunto de los refugiados. Casi todos, excepto los más brutos, defienden los derechos de estas personas que se encuentran en uno de los peores momentos de su vida, pero en realidad muy pocos parecen dispuestos a afrontar el problema con auténtica intención de solucionarlo, renunciando si es necesario a parte de su bienestar y riqueza. Más o menos, lo mismo que hacen nuestras autoridades nacionales y europeas.

Este nuevo “Refugiestilo” nos acabará pasando factura, porque la insolidaridad es una actitud de ida y vuelta. Hoy les toca sufrir a ellos y mañana nos puede tocar a nosotros. Pero eso nos parece un problema muy lejano. Defendamos pues los derechos de los refugiados, pero con la boca pequeña, no vaya a ser que los políticos nos hagan caso y la caguemos.

Twitter: @jsegurasuarez

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