Entretenimiento

Vacaciones en el mar

Noe Martínez / LIVING LA VIDA MADRE  / SUGERENCIA MUSICAL, Holiday, de Madonna

No deja de ser curioso lo decisiva que es la perspectiva para casi todo. Porque no es lo mismo que la realidad se observe desde aquí, desde allí o desde el mismísimo acullá. Comerte una maravillosa lubina a la sal es un plan perfecto para la cena del sábado. Pero lo es para ti, no para la lubina, coincidiréis conmigo… No es lo mismo, pues, que ya lo decía Alejandro Sanz. Y como no lo es, ahora que soy madre y tengo que regirme por el calendario escolar, veo que las vacaciones, los puentes, los festivos de índole interna e demás fiestas de guardar (que nos falta festejar el día del porco celta, y tiempo al tiempo…), no son, sino, pruebas que manda el Sumo Hacedor para ver cómo sigo nadando, panza arriba, ante cualquier circunstancia, por mucha prisa, agobio y stress que me llegue al cuello.

– ¡Mamita, ya estoy en la vacación…! – Nicolás, a punto de quedarse frito, disfruta de su plan de holganza.

Claro, para los niños que están hasta el gorro de madrugar, de quitarse el pijama calentito para pasar un frío pistonudo en la parada del bus, lo de no ir al cole es el plan de los planes. Pero para los papás, que están hasta el gorro de madrugar y quitarse el pijama calentito para pasar un frío pistonudo en la parada del bus, lo de no tener cole al que mandar a los niños, es el comienzo de un periplo dislocado en busca de colaboración familiar y ciudadana para dar con la solución a la hecatombe. En días como estos, en los que mi mayor estalla de emoción al anunciarme su período de molicie lectiva, sólo puedo acordarme de la salud de las mamás de los que hablan a boca llena de la conciliación laboral. No, si ya sé que puedo entrar una hora más tarde a trabajar, pero no puedo estar una semana sin ir a trabajar porque no haya cole. Eso a mi jefe no le parece conciliación, sino absentismo, y ahí ya entramos en agujeros negros del espacio…

– ¿Vamos a ir a ver la nieveeeeeee…? – Pregunta Nicolás a renglón seguido, sin reparar en que se me ha puesto mustio hasta el flequillo – ¿Vamos a ir a la ver la nieveeeee? Es que mi compañero Andrea de clase de 5 años, va a ir a ver la nieve con sus papás, ¡y en autocaravana…!

– ¿¡En serioooo…!? – Muletillas automáticas en Modo ON y mirada cual puntero láser – Qué bieeeen…

– ¿A que es muy chulo ir a ver la nieve en autocaravana, mamita…? – Me mira, maravillado, imaginándome viajerísima, recorriendo tierra, mar y aire en cualquier cosa que haga burrum, burrum.

– Ahaaaa…

– Ssss, a mí también me lo parece… – Se frota los ojos de puritito sueño – Si supiera lo que es una autocaravana, aún me lo parecería más…

A la nieve. A la nieve y en autocaravana. Pero vamos a ver, ¿dónde cojoño está el corporativismo entre padres? ¿En serio ir a la nieve no les parecía lo suficientemente envidiable, que tienen que ir en autocaravana? Miré a mi mayor, con expresión de madre derrotada, segura de que nuestro súper planazo de mandarlo a un campamento urbano de deporte y cine, le iba parecer una boñiga. Lo sé, no está bien, es infantil e irracional, pero allí sólo cabía un plan de defensa: ¡el boicot!

– Una autocaravana es un coche grande, muy largo, que en lugar de asientos y reposacabezas para poner la tablet, tiene un pisito pequeño dentro… – Oh, oh, si mi idea de boicotear el plan fantástico del enemigo era éste, me lo podía meter en por la retambufa – Peeeeroooo es un peligro increíble ir con él cuando hay nieve porque las ruedas hacen fiiiiiiissssshhhhh, y vaya lío…

Con el sentimiento encontrado de saber que su compañero iba a ir a la nieve en una casita con ruedas, pero que había una altísima probabilidad (se me fue la mano, lo sé…) de que el viaje acabase siendo una carrera de Bobsleigh, autocaravana colina abajo, sin control, y con las cosas de la nevera saliendo disparadas, a modo de proyectil circense, Nicolás se ríe a lo loco. No puede parar de hacerlo, imaginándose a su amigo Andrea, a su hermano Axel y a su perro Paco (sí, el perro es el único que por lo visto tiene un nombre normal) sorteando botes de tomate frito, yogures Larsa de vainilla y velas de chorizo Revilla, al más puro estilo partida del Ninja Fruit. Hasta que se queda dormido, Nicolás no deja de preguntarme si también se cae el bote de Nocilla y el cartón de huevos de las gallina de abuela Lola (la suya, pero que para el relato nos vale, porque el pobre cree que todos los huevos del mundo son del gallinero de su abuela) y el frasco de pepinillos de Mercadona…

– Es que con tanta nieve y en autocaravana, ¡a quién se le ocurre…!

Y esa fue su última sentencia antes de se quedase aparentemente dormido. Me quedé un rato a su lado, imaginándome a la ociosa y organizada madre de Andrea, de Axel y puede que hasta de Paco, el perro, porque señoras hay que extienden su cariño a los chuquelos, diciendo aquello de aquiénquieremamáááá. Sin duda, aquella buena mujer no tenía jefe, no tenía tiranía de horarios, ni maratones de lavadoras+secadora+doblado, quizá ni tenía que pensar en qué hacer de comer al día siguiente, ya que seguro tendría un séquito de enanitos de Blancanieves, que la liberaban de lo engorroso de la vida doméstica. Cuando estaba a punto de levantarme a improvisar un muñeco de vudú con peluche de Pocoyó, Nicolás balbuceó en sueños…

– Mamiiii, ¿sabías que Andrea y Axel y su perro Paco nacieron en un sitio que se llama El Caray…?

– ¡Aaaah, que son de Valdezcaray…! – Suspiro y arqueo las cejas – Ahora lo entiendo…

– El Caray es lejísimos, por eso van en la casita con ruedas, ¿verdad? – Inquiere, ya con los ojos cerrados y ese tono tan achuchable de estoy soñando, do not disturb.

– Es superlejísimos, claro, y se van allí a ver a los abuelos… – Esbozo sonrisa, sintiendo la punzada chunga del arrepentimiento: el muñeco de vudú baila reguetón en mi conciencia… – Y seguro que a pedir auxilio familiar para colocar a los niños, como los todos…

– ¿Colocarlos dónde, mamita?, porque como no tengan cuidado, lo mismo también se caen en la autocaravana, como el bote de pepinillos y las galletas de huevos de dinosaurio…

– Quien dice colocar, Nicolasiño, dice conciliar… – Apoyo mis labios en su cocorota, que me huele a amor extremo – ¿Dormimos?

– Yo ya estoy…

– Ya veo, ya…

– Pero, entonces ir en autocaravana ¿es o no es peligro para Andrea y su hermano Axel y su perro Paco…? – Musita muy lentamente, ya casi en fase REM.

– Seguro que lo es, pero a sus papás no les queda otra.

– Yo no quiero ir nunca en autocaravana…

– No te preocupes, al campamento de jugar vas en el coche de mamá.

– Vale, ¿y puedo llevar la cantimplora de Dark Vader…? – Más dormido que Cutús, sigue hablando.

– ¡Por supuesto…! – Digo, acurrucándome a su ladito, esponjándome cual pollito amarillo.

– Jo, qué vacaciones más chulas voy a tener…

Y yooo, pienso para mis adentros, que voy a jugar a creerme lo que me acabas de decir, agarrándome a ello como el antídoto anti remordimiento. En serio, en la tómbola de niños beso-comestibles, a mí me tocaron las dos guindas del pastel, no me digáis.

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